Autor: juanlouzao

  • Charli xcx sobre ser una ‘popstar’

    Lo cuenta en su Substack.

    Una de las principales realidades de ser una estrella del pop es que, a cierto nivel, es jodidamente divertido. Vas a fiestas increíbles en un SUV negro, puedes fumar en el coche, sacar medio cuerpo por el techo corredizo y gritar, y hacer toda esa mierda cliché. En esas fiestas a veces conoces a gente interesante, y esa gente interesante muchas veces realmente quiere conocerte a ti. Puedes llevar ropa, zapatos y joyas fabulosas que a veces vienen incluso con su propio guarda de seguridad que te sigue por toda la fiesta asegurándose de que no pierdas los pendientes absurdamente caros que llevas en las orejas, o de que no dejes que alguna persona random que acabas de conocer en el baño se pruebe el collar que tienes puesto y que básicamente equivale al Corazón del Mal. Te dan cosas muy buenas gratis: móviles, portátiles, vinilos, viajes, gominolas de setas, auriculares, ropa e incluso a veces una bici eléctrica que se quedará en tu garaje sin tocarse durante casi cinco años. En los restaurantes entras por la puerta de atrás y le dedicas una media sonrisa al chef (que probablemente te odia) y a los camareros (que también te odian) mientras ellos sudan haciendo un trabajo de verdad, mientras tú atraviesas la cocina pavoneándote con tus cuatro mejores amigos, que van de acompañantes. Te sientes especial, pero también tienes que sentir en ciertos momentos la vergüenza de lo ridículo que es todo esto. También escuchas un montón de música increíble que sin duda va a cambiar la cultura y la percepción pública meses antes de que salga (recuerdo la vez que Addison me puso «Diet Pepsi» por primera vez mientras conducíamos por Nueva York después de cenar en el Casino). A veces puedes ayudar a tus otros amigos popstars dando una opinión, prestando oído, ayudando a tomar una decisión sobre su trabajo, lo que te hace sentir parte de una comunidad interconectada con gente a la que quieres y respetas. También tienes fans, y su dedicación a tu trabajo te hace sentir que estarán contigo hasta el fin de los tiempos, aunque en realidad no. Te subes a un escenario y te sientes como un Dios. Haces que la gente llore de felicidad; acompañas sus rupturas, su recuperación, sus noches locas, su venganza, su amor, sus vidas. Viajas por el mundo y ves todo tipo de lugares, y ni siquiera tienes que preocuparte por reservar absolutamente nada porque tienes un tour manager increíble que lo hace por ti. Puedes llamar diciendo que estás enfermo cuando te dé la gana y nunca tienes que preocuparte por cancelar a última hora, porque sabes perfectamente que hay otra estrella del pop por ahí que es muchísimo más impuntual e inestable que tú. Gracias a Dios.

    […]

    Otra cosa de ser una estrella del pop es que no puedes evitar que haya gente absolutamente empeñada en demostrar que eres estúpida. Siempre me ha fascinado esto y creo que tiene que ver con la proyección personal. Ser una estrella del pop siempre ha sido, en parte, ser una fantasía, y obviamente esa fantasía la decide sobre todo el consumidor. El marketing, la estrategia, el packaging y la presentación pueden hacer todo lo posible por guiar al espectador hacia el resultado deseado, pero al final del día es el consumidor quien decide si una popstar es un símbolo sexual, o de anarquía, o de inteligencia, o de lo que él o ella quiera ver. A veces a la gente no le gusta ser parte del consenso general; les gusta llevar la contraria a la opinión pública, y ahí es cuando nace esa postura totalmente opuesta y desafiante. En vez de “es un símbolo sexual”, se convierte en “es una zorra”. En vez de “es anárquica”, pasa a “es una puta drogadicta”. En vez de “es inteligente”, se vuelve “es una pretenciosa que no dijo absolutamente nada”, y así sucesivamente. Creo que ahí es donde muchas veces nace la narrativa de la estupidez. Siempre me he preguntado por qué el éxito ajeno despierta tanta rabia y enfado en ciertas personas, y creo que se reduce a que la sociedad patriarcal en la que, por desgracia, vivimos nos ha lavado el cerebro con éxito. Seguimos entrenados para odiar a las mujeres, para odiarnos a nosotras mismas y para enfadarnos con las mujeres cuando se salen de la cajita ordenada en la que la percepción pública las ha metido. Creo que, inconscientemente, la gente aún piensa que solo hay espacio para que las mujeres sean de cierta manera, y que si dicen ser algo, más les vale NO ATREVERSE a crecer, o cambiar, o transformarse en otra cosa. Y obviamente la gente quiere clics, y una postura contraria siempre los consigue. Cuando me uní a Substack hubo un aluvión de artículos y preguntas sobre el porqué. Algunos teorizaron sobre mi supuesta necesidad de escribir textos largos y conectar más con mi base de fans; otros estaban simplemente emocionados; otros sugirieron que estaba siguiendo el consejo de mi discográfica para intentar estar en todas las plataformas; y algunos se sorprendieron de que me quedaran suficientes neuronas como para escribir, con toda la fiesta que me pego (!). La verdad es que siempre me ha encantado escribir, así que ¿por qué coño no? En general me sentí bienvenida en la comunidad, pero también vi esa pequeña ola de gente molesta porque había derribado las paredes de la caja en la que estaban empeñados en encerrarme: la caja, o mejor dicho, la marca, de la chica fiestera que fuma, se mete coca, ama el color verde y no tiene capacidad para nada más. Para ellos soy una tontita porque eso es lo que desean que sea. Supongo que a veces es parte del trato.

    […]

    Mi último pensamiento sobre ser una estrella del pop es que hay una expectativa de que seas completamente sincera todo el tiempo. En los últimos años, algunas personas parecen haber asociado la fama con una responsabilidad moral que nunca he entendido del todo. Todos mis artistas favoritos no son en absoluto modelos a seguir, ni querría que lo fueran, pero quizá eso solo sea cosa mía. Yo quiero hedonismo, peligro y un aire antiestablishment en mis artistas, porque cuando era más joven quería escapar a través de ellos. No me importa si dicen la verdad, si mienten, si interpretan un personaje, si adoptan un papel o si inventan escenarios y mundos enteros. Para mí, ese es el punto: ese es el drama, esa es la diversión, esa es la FANTASÍA.

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  • I once wrote, years ago and in another place, that I will always believe there are two things that have the ability to save us, no matter how disappointing they may temporarily become: pop music, and the Labour Party.Well, at least there's still pop music.

    Simon Price (@simonprice.bsky.social) 2025-11-22T07:28:29.405Z

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  • Triángulo de Amor Bizarro: «Triángulo de Amor Bizarro» (2025)

    Lo máximo que se habían acercado Triángulo de Amor Bizarro a la canción que le da nombre al grupo había sido con “Estrella solitaria” (temazo, por otra parte), donde las influencias de New Order eran abiertamente evidentes.

    Ahora cierran el círculo versionando propiamente el clasicazo de 1986 del grupo de Mánchester, con lo que celebran, además, su flamante fichaje por el sello Sonido Muchacho.

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  • Cinco (+1) pistas de… Miguel Agnes

    Miguel Agnes conduce desde 2012 El programa de Sita Abellán (o EPSA, “el artefacto donde la Cultura y la Diversión hacen cruising”), en el que ha sido testigo y notario de todo lo genuinamente relevante en la (contra)cultura de este país. Un pódcast de archivo ingente que es imprescindible conservar en local para cuando todo lo virtual se acabe y necesitemos encontrar ahí refugio. Además, Miguel es DJ, realizador de vídeos musicales (para Algora, La Prohibida o, muy especialmente, Single) y otras obras de ficción, documental y videoarte. También proyectó una película que seguía a la actriz Lolo Ferrari durante los últimos cuatro días de su vida, que infelizmente nunca llegó a terminar, pero cuyo guion (Lolo) ha sido publicado en la editorial niños gratis*.

    Por todo ello ―por ser, en resumen, la persona más importante de España― quería que fuera él quien inaugurara esta sección de recomendación de canciones, a lo que accedió muy amablemente. Estas son las que ha elegido, él mismo las introduce primero así: «Dado el zeitgeist del pop contemporáneo he decidido hacer mi selección en torno a la música espiritual», y luego las detalla aquí una a una. Disfrutémoslas.

    Sami El-Enany & Dampé – Rabbit Hole (ft Orlando Weeks)

    Sami es un músico egipcio experimental que navega por las misteriosas aguas del ambient, la elctrónica, el field recording y el folk. Con el estudio de producción Dampé detrás, aquí se alía de manera imprevisible con Orlando Weeks para hacer un clásico instantáneo.


    Hilary Woods – Endgame 

    Sacred Bones, el sello donde publicaba Lynch sus músicas, acaba de lanzar el tercer disco de esta especie de reencarnación de Julee Cruise que juega a reinventar el dream pop.


    Floating Points, Pharoah Sanders & The London Symphony Orchestra – Promises [Movement 6]

    Este monumento salió hace cuatro años, rompiendo el continuo espacio tiempo. No me hago responsable de lo que pueda ocurrir en el espectador a partir de que le dé al play.


    Astronauts, etc – If I Run

    Anthony Ferraro aka Astronauts, etc en su disco debut del 2015, que acaba de reeditar acompañando las canciones con versiones instrumentales hizo todo un santuario desde su bedroom. Un artista misterioso e irresistible.


    Cesar Chunk feat. Tereza Hrabini & Inkabos – Pilgrim

    El año pasado apareció de la mano de Cesar Chunk Mystik Frekvence (Vol1), un disco diseñado para activar el segundo, cuarto y sexto chakra, experimentando con tradiciones gnósticas del Perú precolombino y el misterio de las voces búlgaras, aunque Tereza es checoslovaca.  El Vol. 2 de Mystik Frekvence acaba de salir hace un mes.


    Alice Coltrane Turiyasangitananda – Om Shanti

    Lo de Turiyasangitananda, el avatar en el que se convirtió Alice Coltrane, es mucho con demasiado. Tras quedar viuda del legendario John Coltrane entró en un abismo existencial, y decidió abandonar el mundo secular para fundar un ashram (un monasterio védico) siguiendo a Swami Satchidananda, el famoso gurú hindú que llegó a Estados Unidos a mediados de los 60. Turiya se dedicó a hacer todo tipo de ceremonias en el ashram, y allí compuso un corpus de canciones absolutamente alucinantes, que en principio eran de uso devocional exclusivo, pero afortunadamente el centro, que estaba a pocos kilómetros de Malibú, publicó unas casettes para monetizar un poco y este milagro se extendió por el mundo.

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  • Ayer (o las consecuencias de una semiviralidad en una red social).

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  • Píldora: Pequeñas curas [massolit101.substack.com]

    Sí a todo lo que dice Beatriz Serrano en esta entrega de su newsletter Massolit 101 (en Substack) (bueno, tal vez exceptuando esa, ejem, referencia a «antes de los cuarenta», que algunos ya hemos dejado atrás hace bastante tiempo y aun así todo esto sigue aplicando).

    Entonces, en un momento de la velada, charlando de esto y de lo de más allá, uno de mis amigos dijo que no sabía si era el mundo (que había cambiado) o si era él (que se había hecho mayor), pero que desde hacía un tiempo había perdido la capacidad de emocionarse como antaño. Hablaba, sobre todo, de cultura. Pero, en el fondo, hablaba de vivir.

    Y como a mí esa noche me parecía que todo volvía a ser posible, le dije que quizás el tiempo nos vuelve más cínicos, y que la experiencia nos arrebata —poco a poco y si lo hacemos bien en esta vida—, la emoción de las primeras veces, pero que pensaba (y lo pienso de verdad) que si nos permitimos un poco de honestidad con nosotros mismos y no dejamos de tener curiosidad por el mundo que nos rodea, siempre estaremos abiertos a la posibilidad del asombro y la emoción.

    Entonces sucedió algo. Él me preguntó por libros o películas que me hubiesen removido últimamente. Y luego le pregunté a él por libros o películas que le hubiesen removido últimamente. Y resulta que había un montón de libros, películas y canciones que nos habían gustado últimamente. Quizás no con el mismo entusiasmo que cuando teníamos quince años, pero con el suficiente como para no morirnos de tristeza y depresión antes de los cuarenta.

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  • Cuatro segundos para que suene el trueno (10 destellos de mi canción favorita)

    1. Mi canción favorita de 2024 (y de los últimos años, en realidad) fue “El destello”, de Juanjo Bona y Martin Urrutia.

    2. La canción fue una colaboración entre Juanjo y Martin e Hidrogenesse. Les pregunté a Carlos y Genís por el proceso y, muy amablemente como siempre, me contaron esto:

    Nos encantó el encargo: hacer un dueto romántico que no fuera una balada ni pop baboso. Ellos tenían muy claro lo que querían: contar su historia con un tono realista y con gracia.

    Ellos tenían la idea de hablar de una tormenta con sus relámpagos, y les propusimos que la canción hablara del chispazo de inicio de su relación. Entonces les hicimos una entrevista interrogatorio muy larga para conocerles y saber todo de su historia, y poco a poco fuimos juntando las partes, decidiendo con ellos lo que debía cantar cada uno, etc.

    Estamos súper contentos y orgullosos de la canción, y un amigo nos dijo que ojalá hiciéramos más canciones de amor como Hidrogenesse, que nunca hacemos canciones así.

    3. Juanjo y Martin, como supongo que casi todo el mundo sabe, fueron concursantes (siendo prácticamente adolescentes) de Operación Triunfo, lugar donde tal vez no encontraron ese ansiado triunfo, pero, según parece, sí el amor. El nexo por el cual esta primera pareja (Juanjo y Martin) y la segunda pareja (Hidrogenesse: Carlos y Genís) se conocen es ―imagino―una tercera (hoy ex)pareja: Javier Calvo y Javier Ambrossi. Los Javis fueron en un par de ocasiones profesores de interpretación de OT; luego rodaron La Mesías, para la cual Hidrogenesse escribieron las canciones que son parte fundamental de la serie; y luego Martin trabajó como actor en Mariliendre, a su vez producida por Los Javis, así que ahí tenemos todas las conexiones.

    4. Inciso: en mi (modesta) opinión, Operación Triunfo (como Eurovisión) es un show que no se ve ni entiende igual si no es visto desde una óptica LGTBIQ+ (vamos, sin ser maricón o sus equivalentes), y por eso son muy importantes para el colectivo. Ni Eurovisión es el mismo festival que ganó Massiel, ni los últimos OT los mismos que ganó Rosa, y obviar esa perspectiva es analizar solamente una parte de la historia. Por eso, «El destello» es una canción que funciona por sí misma pero en la que también cuenta lo emocional, el contexto y el subtexto. Eso convierte en crípticamente mágicos momentos como «lo que más me gusta es cuando me silbas».

    5. He escuchado a gente decir que «El destello» es como una típica (cómo si eso fuera posible) canción de Hidrogenesse cantada por otras personas, pero desde el momento en que la escuché a mí me recordó más, melódica y estructuralmente, a una canción… ¡de Astrud! Siendo la base total e inconfundiblemente de Genís, sí es verdad que puedo imaginarme perfectamente a Manolo cantándola: esos falsetes, esos silbidos, esos tralarás

    6. Me parece mucho más inconfundiblemente Hidrogenesse (repito, como si eso fuera una etiqueta tan ortodoxa) la canción que luego han hecho con Martin, también excelente. Qué ganas de escuchar el disco completo.

    7. Lo dicho: Carlos y Genís han estado trabajando con Martin en su primer álbum, que saldrá previsiblemente a principios del año que viene; el de Juanjo (producido por David Soler y Marcel Bagés) es también uno de mis favoritos de este año y, definitivamente, de los que más he escuchado. Lo recomiendo mucho, y mejor acercándose a él, una vez más, sin prejuicios.

    8. «El destello» tiene un remix (como se estilaba antes) hecho por Nacho Canut. Al escucharlo tienes la impresión de que está hecho un poco con piloto automático, pero igual con el piloto que Canut tenía a principios de siglo, que era de los más inspirados, así que aunque a veces parezca una aproximación bastante desganada, por algún motivo acaba funcionando.

    9. Como con todo lo que supone algo importante, recuerdo perfectamente la primera vez que escuché esta canción: fue en un hotel del Trastevere, en Roma (otra conexión con Hidrogenesse); estábamos esperando a que llegaran las 12 de la noche, teníamos aquellas expectativas entre expectantes y temerosas de esta colaboración, de pensar «uf, qué saldrá de esto», y… bueno, aquí estoy, escribiendo sobre ello.

    10. ¿Sabes cuando escuchas los primeros compases de una canción, sientes que no quieres que se acabe nunca y luego ya estás pensando en la siguiente vez que la quieres escuchar? Pues eso.

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  • Pump up the Volume

    Pet Shop Boys han anunciado hoy la publicación de Volume, un libro de casi 600 páginas que sirve como retrospectiva visual del grupo, incluyendo material como las portadas y demás elementos de todos sus discos, imágenes de sus vídeos, sesiones de fotos… Es la continuación del que publicaron en 2006, Catalogue (que ya era una maravilla), y supone, así, el registro visual completo del grupo desde 1984 hasta 2024. Sale a la venta en abril, pero se puede reservar y comprar ya (ya lo he hecho, claro), porque por lo visto ahora todo hay que comprarlo con meses de antelación.

    También han anunciado para abril cinco conciertos íntimos en el Electric Ballroom de Camden para conmemorar el 40º aniversario del lanzamiento de su álbum de debut, Please. Más allá de que, como ya he comentado alguna vez, siempre es el aniversario de algo (siguiendo con Pet Shop Boys, hoy, por ejemplo, es el 35º del lanzamiento de “Being Boring” como single, nada menos), es muy guay y poco frecuente que uno de tus grupos favoritos te acompañe durante la mayor parte de tu vida, que hayan ido sacando discos todo el tiempo y que sigan activos y en plena forma. Hay un disco y una banda sonora de Pet Shop Boys para cada una de las etapas de mi vida. Y ojalá que haya muchos más.

    Mi single de «West End Girls», comprado en su día en Simago por 295 pesetas.

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