Autor: juanlouzao

  • «Drogas de maricones»: organizaciones LGTBIQ+ denuncian discriminación policial en detenciones por estupefacientes [elpais.com]

    En este artículo de El País (del 24/10/2025, para suscriptores, aquí la versión archivada) se denuncian registros y detenciones discriminatorias a personas LGTBIQ+ en Madrid, con acusaciones de tráfico basadas en cantidades de autoconsumo y perfiles por apariencia.

    “A mí me paran [la policía] porque parezco maricón”, afirma Fernando Caudevilla, médico de familia de 51 años, especializado en drogas, residente en el barrio madrileño de Lavapiés. En los últimos 12 meses, la policía le ha dado el alto nueve veces.

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  • Sr. Chinarro: «Cero en gimnasia» (2000)

    De todos los Sr. Chinarro, porque ha habido lógicamente muchos a lo largo de sus más de 30 años de carrera, me quedo con el de los 90 (casi pongo «El idilio» en vez de esta), el de los juegos de palabras y los sinsentidos, el que «cantaba mal» pero transmitía bien, el que desembocó (¿o fue más punto de inflexión?) en este extraordinario EP producido por Paco Loco, de título de inspiración futbolística (La pena máxima) pero que denotaba también la profunda tristeza y melancolía de sus canciones. Empezando por «Cero en gimnasia». «Tiran las pastillas los chavales / Si se agacha, se le ven las tetas».

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  • Las sensibilidades de las personas deben tomarse en cuenta

    Sigo superenganchado a The Celebrity Traitors (y llevando regular poder ver solo dos programas por semana), donde además ―y sin hacer spoilers― están sucediendo cosas que nunca habían sucedido antes, al menos en las tres ediciones con concursantes no famosos que se habían emitido anteriormente.

    También he visto algún que otro nuevo true crime, tanto de los buenos como de los malos. Entre los primeros, destaco The Perfect Neighbor (Netflix), con un único capítulo de hora y media que va, como su título indica irónicamente, de una vecina problemática, y que está muy bien tanto desde el punto de vista formal (está grabado casi en su totalidad por las cámaras corporales que ahora llevan prácticamente todos los policías) como político/ideológico: en el centro está una ley de autodefensa, en este caso del estado americano de Florida denominada «Stand Your Ground», que «brinda a las personas el derecho a protegerse usando fuerza razonable«. Vamos, que puedes cargarte a alguien si alegas que tenías miedo y temías por tu vida. Pero ¿dónde está el límite?

    Entre los malos, Una noche en Idaho: Los asesinatos en la universidad (Prime Video), que parte de un caso interesante y en algunos momentos, casi los únicos destacables, se enfoca en cómo detectives aficionados en redes sociales se obsesionaron con ello y empezaron a lanzar teorías disparatadas y a señalar y sobreexponer sin pruebas a quienes creían culpables, incluyendo a amigos de las víctimas. Pero esa denuncia no da para estirarlo a lo largo de cuatro capítulos bastante prescindibles y que se regodean en un sentimentalismo muy sensacionalista.


    Me parece bien la adaptación gráfica española de ‘spoiler‘ como ‘espóiler’, con la acentuación que le corresponde por ser llana acabada en -r, pero el plural me parece igual de problemático que otros similares. Y es que en español los plurales de las palabras terminadas en -r deben terminar en -er, pero nadie dice ‘espóileres’, o ‘pósteres’, o ‘córneres’ (aunque sí, por ejemplo, y como muestra de lo aleatorio que es a veces el uso con respecto a la regla, ‘líderes’). Entonces, aunque en la lengua hablada sí digamos ‘espoilers’, ‘posters’ o ‘corners’, a la hora de escribirlo cambiaría la regla de la acentuación, ya que terminarían en -s y ya no serían esdrújulas, sino llanas, así que no cabría acentuarlas, pero a mí resulta muy extraño un singular acentuado y el plural no, es decir, ‘espóiler’ frente a ‘espoilers’, aparte de que la terminación -rs no es natural en español.

    Esto no deja de ser más que un entretenimiento para mí, pensar en estas cosas por un sesgo derivado de mi formación (y no deformación profesional, ya que nunca he ejercido), pero en realidad con el tiempo he ido aficionándome más a la observación y análisis de la anarquía ortográfica y sintáctica que han traído las redes sociales. También me da un poco de risa aquel que presume de compresión lectora (y critica a quien carece de ella) pero luego no sabe vivir sin la tilde del solo porque por lo visto su ausencia le produce un bloqueo mental imposible de deshacer un ambigüedad de significado la mar de simple.

    estoy obsesionao con la gallery del grecas cuando dice yo la imparto disciplina plinplinplina plinplinplina siento que hace siglos que no me gusta una canción mínimamente escuchable

    marcelo (@marcelocriminal.bsky.social) 2025-10-25T09:22:39.459Z
    Escribir así no está al alcance de cualquiera (y obvio que lo digo completamente en serio).

    Ya que estamos, también me llama la atención que en general los anglicismos y sus adaptaciones provoquen más rechazo que préstamos de otras lenguas, pero que generalmente nadie cuestione todo aquello relacionado con el fútbol (que ya como palabra en sí es extrañísima y con una ortografía yo diría que inédita en español), incluyendo el córner, el penalti o el derbi, como si provinieran estos del latín.


    Cuando empezó a utilizarse el lenguaje inclusivo, fui muy beligerante con ello (era la época de ser beligerante en las redes sociales, supongo que me dejé llevar), pero veo este vídeo de Chomsky, al que tantas veces vi referenciado mientras estudiaba, y me pregunto: «¿De qué ibas? ¿Acaso Astrud te dedicaron a ti alguna vez una canción.

    Hay personas que piensan que no deberiamos usar ‘he’ (él) como pronombre neutro. De acuerdo, entonces usemos otra palabra. Las sensibilidades de las personas deben tomarse en cuenta.


    Como me suele suceder, tengo varias ideas iniciales sobre las que escribir, pero luego acabo yéndome por las ramas y la mayoría de aquellas ideas primigenias quedan pendientes, porque también tengo un límite de tiempo de poder escribir sin aburrirme. Así que de momento esto es todo, pero quiero acabar con una canción de Los Verdugos, uno de los mejores grupos españoles (no solo en esta, sino en cualquiera de sus anteriores encarnaciones) que hay, que además resulta que sacaron álbum (el primero, por raro que parezca) el mes pasado y yo me enteré, mea culpa, hace solo unos días. En esta canción, además, hace los coros Teresa de Espanto. Sublimes.

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  • La modestia de mis necesidades

    Hace unos días se conocía la muerte de Luis Badenes, cantante del grupo valenciano Glamour, que se dio a conocer en 1981 con este clásico tecno-pop neorromántico (todo eso) titulado «Imágenes».


    El periodista (también valenciano) Rafa Cervera ha recuperado los negativos de las fotos del fanzine Estricnina, que realizó él mismo en aquella misma época, entre 1982 y 1983, con entrevistas y sesiones improvisadas a figuras de la escena madrileña como Carlos Berlanga, Pedro Almodóvar, Ana Curra o Bernardo Bonezzi. Cervera había dado estas fotos por perdidas, pero ahora han sido restauradas digitalmente a partir de los negativos originales, y ha decido imprimir una selección en tiradas limitadas, que están disponibles en Las fotos de Estricnina.

    Carlos de frente, 1982
    Pedro y el semáforo, 1982
    Curra 83 #5, 1983
    Santiago en el ensayo, 1982
    Bernardo #1, 1983

    El pasado junio, Joan Vich anunciaba en Bluesky otro fallecimiento, el de su amigo Alejandro Caja, novelista, ensayista y poeta. No tuve el gusto de conocerlo, ni siquiera nada de su obra hasta entonces, pero el soneto de Alejandro que Joan dejó a modo de homenaje me dejó profundamente tocado.

    Hace unos días se quitó la vida mi amigo Jandro Caja, compañero de descubrimientos adolescentes, adulto libre y descreído, escritor maldito a su pesar. A pesar de la distancia, temporal y geográfica, me ha afectado mucho su partida. Os dejo aquí un soneto muy certero, en técnica como en fondo.

    Joan Vich Montaner (@joanvich.bsky.social) 2025-06-16T09:45:03.237Z

    Su también amigo Luis de Benito le dedicó un programa en Radio 3, muy emocionante y lleno de afecto.

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  • Arteligencia intificial

    No he conseguido, de momento, que la gente utilice demasiado los comentarios del blog. Cuando alguien tiene a bien aportar o comentar algo sigue haciéndolo normalmente en la publicación de la entrada en las redes sociales. No pasa nada, es difícil volver a cambiar ciertas dinámicas y entiendo que la mayor parte de la conversación se ha movido hacia allí. Pero lo que sí se ha vuelto más creativo es el spam que recibo: la inteligencia artificial ha hecho que los (falsos) comentarios sean (o parezcan, al menos) más elaborados. Aquí unos ejemplos.


    The BBC are accidentally running the subtitles to Mrs Marple over the Mercury Prize, and it’s rather wonderful. A few of lines could plausibly have been written by Jarvis.

    Peter Chilvers (@peterchilvers.com) 2025-10-16T20:58:12.684Z

    ¡Diría que este es el mayor hit de Ladytron en mucho tiempo!


    Los pasaportes suizos de nueva generación se emitieron en otoño de 2022 por la Oficina Federal de Policía (fedpol). Desde 1959, el característico pasaporte rojo se considera uno de los documentos de viaje más sofisticados y seguros del mundo. Con el nuevo encargo de diseño, RETINAA quiso honrar la tradición de innovación de las artes gráficas suizas. En estrecha colaboración con un grupo de expertos liderado por fedpol, y en cooperación con Thales y Orell Füssli, el estudio creó un diseño que combina una estética limpia, aunque compleja, con funciones de seguridad de última generación.

    El pasaporte suizo es algo más que un documento administrativo. Es la expresión de la identidad helvética y actúa como embajador de Suiza en el extranjero. Es una celebración de lo suizo y un escaparate del saber hacer tecnológico. Además de aumentar la seguridad y ser resistente a la falsificación, el diseño debía explorar estos aspectos para crear un documento en el que el titular confíe, con el que se identifique y del que pueda sentirse orgulloso.

    The Design of the New Swiss Passport (kottke.org)


    El título de esta entrada está sacado de este temazo de 2020 de Alcalá Norte (antes de que sucediera TODO).

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  • Como un fan

    Mi formato de televisión favorito ever es The Traitors (o Traitors a secas, en su versión española), que funciona como reality que no humilla a los concursantes y como artefacto de suspense, lógica y estrategia; es emocionantísimo. Y de todas sus variantes internacionales, mi favorita es, por supuesto, la británica. Sus tres temporadas son impresionantes, así que cuando finalmente empezó, la semana pasada, The Celebrity Traitors, la versión protagonizada por famosos, para mí es como si hubieran comenzado a la vez Eurovisión, la Champions y Operación Triunfo.

    En realidad, la primera temporada de la versión española ya era de celebrities, con un casting que estaba muy bien y que tenía entre sus nombres a Anna Allen, Fernando Guillén Cuervo, Abril Zamora, Juan Sanguino o Cristina Cifuentes. Pero es que en la de UK está gente como Alan Carr, Stephen Fry, Jonathan Ross, Tom Daley, Charlotte Church o Celia Imrie. Es increíble ver a gente tan witty enfrentarse a los mismos dilemas y ser tan poco hábil descubriendo la identidad de los traidores (porque esa, básicamente, es la mecánica del juego, pero que tampoco es muy de contar sino de vivir) que los concursantes menos conocidos. Pero es también increíble verlos enfrentarse a ello con ese humor. Y también es muy curioso ver que nadie está a salvo de los problemas de spelling a la hora de escribir en la mesa redonda los nombres de los sospechosos en la pizarra, por mucho que pudieras pensar lo contrario.

    El único problema es que esta edición la estoy viviendo casi en tiempo real: se está emitiendo ahora mismo a razón de dos episodios por semana, así que a diferencia de las anteriores, que fue puro binge watching, ahora tengo que morderme las uñas esperando a la resolución de la semana que viene.


    Hablando de Operación Triunfo, también lo estoy viendo, religiosamente, como casi siempre, aunque he de decir que este año encuentro pocos alicientes a los que asirme en cuanto a los participantes, ni como concurso de canción en sí ni en cuanto a posible proyección futura. Ni veo una ganadera clara, como el año pasado lo era Ainara Naiara (aunque después no se ha comido un rosco, la pobre ―este año, si tengo que apostar, será Cristina); ni tengo una figura clara con la que enrocarme emocionalmente, como me pasó el año pasado con Juanjo; ni nadie a la que le vea especialmente una proyección posterior cuando las luces del programa se apaguen. Excepto a Lucía Casani (en el vídeo, la rubia), que sí creo que tiene el talento y magnetismo suficientes como para trascender más allá de diciembre. Una pena, y una injusticia, que tanto ella como Judit estén nominadas esta semana, habiendo gente que se lo merece muchísimo más (¿Max? ¿Hola?).


    Este año no estoy siguiendo casi nada OT por redes sociales, a veces echo medio ojo, pero creo que los mejores momentos de vivirlo live ya pasaron; donde hubo ingenio hay hate, y eso me interesa menos, pero de la anterior edición recuerdo aquel mantra que decía: «Es la única persona de la que cuando acabe todo esto me compraría un disco o iría a un concierto» (normalmente referido a Paul Thin). Bueno, pues yo…

    Lloro siempre que veo este vídeo. Sed fans siempre. Let people enjoy things.

    (Ya hablaremos de «El destello» y del disco de Juanjo, lo tengo pendiente).

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  • La revolución supersexual

    Yo ya no quiero que vuelvan Astrud; me conformo con haber sido tan afortunado como para haberlos vivido. En 1999, en Los conciertos de Radio 3 (aunque yo conocí esto por un MP3 que rulaba por Audiogalaxy mucho antes de verlo en YouTube, básicamente porque YouTube no existía) hicieron un medley consistente en “Androgynous Mind” y “Kool Thing” de Sonic Youth, “Safesurfer” de Julian Cope y “Sophisticated Bitch” de Public Enemy. ¡¿A quién se le ocurre?! Solo a ellos.

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  • Nuevos recuerdos (de Suiza)

    Tenía mucha curiosidad por esto: Hidrogenesse con Martin (Urrutia). El resultado es Carlos & Genís 100% y, desde luego, nada complaciente: invita a escuchas repetidas (¡estoy en ello!). Junto a su pareja, Juanjo Bona, Martin tiene uno de los fandoms más fieles de OT 2023, a ver qué tal acogen esto (si nos dejamos llevar por las primeras reacciones de YouTube, francamente bien, y yo que me alegro).

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  • Adanismo no hay más que uno

    «Drive» es una de mis canciones favoritas de R.E.M., y creo que me gusta tanto esta reinterpretación que hicieron para el disco Alternative NRG (1994), comisariado por Greenpeace, como la original.


    Adanismo. Es la creencia errónea de pensar que cuando uno hace o dice algo, es la primera vez que eso se ha hecho o dicho. Con esto en mente, cada vez que escribo algo sé que, aunque la inconsciencia o el olvido me exoneren en cierta medida, estoy copiando a alguien. O, peor aún, estoy diciendo algo de forma mucho peor que alguien ya lo hizo hace mucho, es decir, estoy degradando la idea original. Por eso, mucho cuidado con ir de creadores o descubridores de grandes ideas; la historia de la humanidad ha sido ya muy larga y todo se ha dicho. Pero entonces, ¿no podemos decir nada? Sí, claro. Tu época es nueva, así que de lo que se trata es de decir lo ya dicho desde la perspectiva de tu momento: ahí estará la novedad.

    Herramientas cognitivas VIII (La Máquina de Von Neumann)

    Ya lo decía Morrissey, el mejor letrista de la historia, if you ask me (ask me, ask me…):

    You say, «‘Ere thrice the sun done salutation to the dawn»
    And you claim these words as your own
    But I’ve read well, and I’ve heard them said
    A hundred times maybe less, maybe more

    If you must write prose and poems
    The words you use should be your own
    Don’t plagiarise or take on loan

    ‘Cause there’s always someone, somewhere
    With a big nose, who knows
    And who trips you up and laughs when you fall
    Who’ll trip you up and laugh when you fall

    You say, «‘Ere long done do does did»
    Words which could only be your own
    And then produce the text from whence was ripped
    Some dizzy whore, 1804


    Trellick Tower, Kensington, west London (1972) (Fotografía: Chris Morphet/Getty Images)
    Alton West, Roehampton, southwest London (1959) (Fotografía: Heritage Images/Getty Images)
    Cascades, Isle of Dogs, east London (1988) (Fotografía: Florian Monheim/imageBROKER/Shutterstock)

    Thumping ambition – and demolition: 10 high-rises that changed modern Britain (The Guardian)

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  • Adolescencia inacabada

    Me ha encantado este mashup, está superbién hecho, aunque claro, también hay que tener en cuenta que parte de dos temazos como «West End Girls» y «Unfinished Sympathy». «Con buen pijo, bien se jode, ¿no sabes?», que decía la Madonna chanante.

    Massive Attack & Pet Shop Boys – Unfinished Sympathy/West End Girls (Matt One 2025 mashup) (Reddit)


    Decía yo el otro día que «la memoria […] no es más que un puzzle arrojado sobre una mesa al que le faltan piezas que vamos rellenando creativamente. Que lo que no recordamos bien, nos lo inventamos, vamos, y que además eso cada vez se va convirtiendo más en un teléfono escacharrado mental y en un abismo entre lo realmente sucedido y lo supuestamente recordado». Que eso no se me ha ocurrido a mí solo, obviamente, pero me ha hecho gracia que Isaac Rosa en un artículo publicado estos días haya utilizado también la metáfora del teléfono escacharrado, que ahí sí pensaba yo de modo iluso que estaba siendo un poco original.

    Eso que dice la neurociencia de que cuando recordamos un suceso, en realidad lo que recordamos es el recuerdo que elaboramos la última vez que tratamos de recordarlo, valga el trabalenguas. Mis diecisiete que yo le cuento a mi hija con toda viveza, en realidad son una vieja retahíla que ha ido cambiando en cada recuento, cual juego del teléfono escacharrado.

    Hay muchas otras cosas ahí que suscribiría yo perfectamente (aunque no tenga descendencia).

    Pero mayor es la distancia entre aquel adolescente que fuimos, y los adolescentes de hoy. Mi propia hija. Por mucho que queramos creer que la juventud es la misma en cada época (y en cierto sentido lo es, sin paradoja), y por más que los cuarentones y cincuentones de hoy nos sintamos eternamente jóvenes (no lo somos, y siento decirte que tus hijos te ven tan mayor como tú veías a tus padres entonces), mis diecisiete de 1991 están tan lejos de los diecisiete de mi hija, como lo estaba yo entonces de los diecisiete de mi padre. O seguramente más, por la aceleración de estas décadas, no solo aceleración tecnológica.

    Me hace gracia pensar que para mi hija el Nevermind de Nirvana es tan antiguo como lo era para mí el primer disco de Elvis Presley: la misma distancia en años desde nuestras respectivas adolescencias. La caída de las Torres Gemelas que sacudió mi juventud es tan histórica para ella como lo fue para mí el mayo de 1968. A veces no nos damos cuenta, porque vivimos acelerados y a la vez atrapados en un eterno presente: los mismos grupos de mi adolescencia siguen hoy tocando en festivales, la industria cultural se alimenta de remakes y reboots, y la política más reaccionaria nos vende nostalgia. Pero por muy cercanos que nos sintamos ella y yo, no vivimos en el mismo mundo. Y por bien que nos entendamos, no hablamos el mismo idioma. Ningún lamento en que sea así, ley de vida.

    Yo no idealizo mi juventud, ni se la deseo a mi hija. Su futuro no está en mi pasado. No sé si su tiempo es más o menos difícil que el que me tocó a mí, las comparaciones históricas no suelen funcionar bien, y me pongo en guardia ante cualquier frase que comience con “en mis tiempos…”.

    Esta última frase me ha hecho recordar otra de esta entrevista a Yolanda Ramos (las negritas son mías y no puedo estar más de acuerdo).

    P. La película reivindica a la llamada «generación de cristal». 

    R. No me gusta ese término. El primer síntoma de que te estás haciendo viejo es cuando empiezas a criticar a los jóvenes, cuando te metes con unos niños que no tienen ninguna esperanza ni en el trabajo ni en nada. A mí me rompe el alma ver a un adolescente llorar, excepto a la mía [risas]. Tiene 13 años, una edad muy complicada. Si acaba llorando, es porque me ha dado por saco.

    P. ¿Por qué subestimamos a los jóvenes?

    R. Siempre pasó. En mi época era porque no sabíamos lo que habían pasado nuestros abuelos en la guerra. Yo nunca le digo a mi hija: “Si te hubiera tocado mi tiempo”. No quiero que le hubiera tocado mi tiempo.


    David Bowie en 1980 siendo effortlessly cool, como solo él sabía.

    David Bowie in Kyoto, Japan, 1980 📷 Masayoshi Sukita (Andy Mackenzie en Bluesky)

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