Estoy bastante obsesionado con esta canción de un jovenzuelo que responde al nombre de Kellan Christopher Cragg. Tiene 18 años, es de (la tristemente famosa por otras razones últimamente) Minneápolis y ha sido comparado con Alex G o Sufjan Stevens (las comparaciones serán odiosas, pero sirvan para saber un poco por dónde van los tiros musicales).
Publicó el año pasado su álbum de debut, WRONG BALLOON, en el que todavía tengo que indagar más, y es una de las primeras confirmaciones de la edición de 2026 de The Great Escape, así que, si el findelmundo anticipado no lo impide, podré verlo allí en directo.
Unos meses después de empezar el pódcast, se me ocurrió que estaría bien pedirles a algunos de los músicos que me gustaban y que sonaban en el programa que me mandaran una nota de voz contándome un poco de de qué iba alguna de sus canciones, que es algo que me gusta mucho saber de primera mano. Uno de los primeros a los que se lo pedí fue a mi admirado Evripidis Sabatis, al que le pregunté directamente por una canción que musicalmente me había gustado mucho pero de la que no tenía ni idea de qué iba, ya que estaba cantada en griego y no había leído ninguna traducción. Evripidis colaboró muy amablemente, pero lo que no esperaba era el impacto que me iba a causar descubrir esa historia que había detrás de la canción. Hoy he vuelto a escuchar el fragmento para subirlo aquí y transcribirlo, y, como aquella primera vez, he llorado de nuevo.
Os voy a hablar sobre mi canción «Μια Τρίτη στην Καντίνα (Mia Triti stin Cantina)», que significa “Un martes en Cantina”. Esta canción es una conversación que tuve con mi mejor amigo, estábamos hablando por teléfono en 2015, todavía Grecia estaba en un estado de crisis absoluta, y me dijo que estaba harto de vivir en Londres y que quería volver a Atenas, quería volver a ver a sus amigos, quería volver a salir cada noche, incluso un martes cualquiera ir a Cantina, que es nuestro bar favorito. Que estaba harto de pagar una fortuna por una botella de vino en Londres y quería volver a Atenas e ir a las tabernas y beber el vino de la casa, y yo le decía: “Pero ¿estás loco? ¿Cómo vas a volver al naufragio? ¿Como vas a volver a un país que está tan mal?”. Me decía: “No me importa, no quiero pasar más tiempo donde el tiempo es gris, donde no puedo hacer cosas, donde todo es carísimo, donde todo está controlado… No quiero pasar más tiempo lejos de la gente que quiero”.
La canción habla de eso, habla de cómo idealizamos la juventud, cómo idealizamos el pasado, cómo ansiamos volver a un estado idílico, que lo recordamos como idílico, pero al que no podemos volver, realmente. También habla de la nostalgia de tu propia patria, que al final llega un momento en que, por muy aventurero que seas, echas de menos a tu familia y echas de menos a los amigos de toda la vida. Esta canción está en el disco del mismo nombre, Μια Τρίτη στην Καντίνα (Mia Triti stin Cantina), que es un disco dedicado a mi amigo, que al final sí que volvió a Atenas, un martes, y el martes siguiente tuvo un accidente y después de unos días falleció. Y es un disco que hice en griego porque algunas de las canciones están dedicadas a él, pero también porque muchas otras canciones están dedicadas a personas y lugares, situaciones, que ocurrieron ese verano; y cosas muy tristes, pero también cosas que me dieron muchas fuerzas para poder seguir adelante, para recordar a mi amigo, pero no dejar de celebrar ni un momento que aquí estamos, todavía, vivos.
Caí en un rabbit hole de vídeos de reactions de gente que escuchaba por primera vez “Buffalo Stance” y descubrí que la mayoría se mostraba sorprendida (positivamente) por ese sonido tan peculiar: una mezcla entre pop electrónico ochentero y hip hop, sumado a la actitud y el estilo de Neneh Cherry rapeando, el scratching, ese saxo funky sampleado… y, en definitiva, por la sensación de que es una canción en la que pasan muchas cosas a la vez.
Pero, sobre todo, me di cuenta de que casi todos la percibían como una canción muy divertida, un matiz que ahora se me hace evidente, especialmente por la letra, en la que Neneh rechaza a un gigoló (aquí referido más bien a un chulo de barrio), dejando claro que ella no se vende, que le interesan la dulzura y el cariño por encima de la pasta. Y también lo es por el modo en el que lo expresa e interpreta en el videoclip. Ahora, sí, todo me parece obvio, pero mi yo de 1988 no cayó en ello y así se quedó fijado durante todos estos años.
La canción tiene un origen curioso: nace como una cara B de “Looking Good Diving”, un single del dúo Morgan-McVey producido por Stock, Aitken & Waterman. Esa cara B, con Neneh Cherry ya en la voz y escribiendo la parte rapeada, reciclaba elementos de la cara A y pasó desapercibida hasta que, casi por casualidad, el DJ Tim Simenon mostró interés por rehacerla. Precisamente Simenon (artífice del proyecto Bomb the Bass), junto con el también prestigioso productor Mark Saunders, le dieron ese sonido potente y envolvente que engancha desde el primer momento. Lograron cohesionar todo ese Frankenstein de orígenes diversos, trufándolo además con varios samples, hasta convertirlo en la «Buffalo Stance» que conocemos.
Es una de mis canciones favoritas de los 80 (o quizá de la vida, if you ask me), aunque también es verdad que me resulta muy difícil escoger entre esta y la también asombrosa «Manchild». Fueron los dos primeros singles de Raw Like Sushi, el álbum de debut de Neneh Cherry, y es bastante increíble empezar una carrera con dos semejantes temazos.
Esta es la segunda canción que conocemos (la tercera si contamos la versión de “Nadadora” de Family) del que será el álbum de debut de Martin en colaboración con Hidrogenesse, que saldrá a lo largo de este año. Más sosegada que la (también) fantástica “Nuevos recuerdos” ―una de las canciones que más escuché el año pasado―, “Otro verano” tiene una melodía encantadoramente melancólica (y también lo es su letra sobre la adolescencia). Por alguna razón, la he emparentado musicalmente con aquella “El árbol” de que estaba incluida en Animalitos (dicho sea como un gran halago).
Entré en la Wikipedia para ver qué había sido de Black Kids (long story short: tardaron 9 años en sacar su segundo álbum, que creo que pasó bastante desapercibido, y se supone que están semiactivos y que llegaron a anunciar que habría un tercer disco) y me enteré (o si en algún momento lo supe, lo había olvidado) de que “I’m Not Gonna Teach Your Boyfriend How To Dance With You” (y todo el álbum de debut de Black Kids, en realidad), lo produjo Bernard Butler. Lo cual, bien pensado, luego tiene sentido, ya que supo adornar este hit con toda la grandilocuencia sonora que ya mostraba en Suede y que se amplificó todavía más en sus proyectos posteriores tras abandonar la banda británica en 1994.
Si vas a YouTube, debajo del número de visionados del vídeo de “Ride On Time” (casi 45 millones, ahora mismo), hay una nota que pone “The Lady in the video is not the actual Singer, she is lip-syncing”. Cuando salió la canción, a finales de los 80/principios de los 90, tiempos de sampleado salvaje y no excesivamente regulado, los productores detrás del proyecto Black Box decidieron que no era necesario aclararlo, ni siquiera creyeron necesario acreditar a la verdadera cantante, Loleatta Holloway, a pesar de que “Ride On Time” estaba construida sampleando sin ningún tipo de complejos ni vergüenza una canción suya. Tampoco tenían ningún problema por que the lady in the video (una modelo llamada Katrin Quinol) se paseara por platós como el de Top of the Pops haciendo (un pésimo) playback de la canción.
Las versiones sobre cómo terminó la historia difieren: algunos dicen que Loleatta Holloway llegó a un acuerdo con los productores y fue compensada; otros, que murió (en 2011) sin recibir nunca el dinero que le correspondía. Tal vez el caso no fue tan sonado como el de Milli Vanilli porque Black Box nunca ganaron (y luego perdieron) un Grammy, pero desde luego la canción lo merecía, porque, historia aparte, era y sigue siendo un pepinazo.
Otro de los grupos añadidos a mi lista de favoritos a partir de la (excelente) cosecha del The Great Escape de 2025 es Acopia, un trío australiano que en directo me parecieron bien, sin deslumbrarme, pero que luego escuchados en casa han ido creciendo cada vez más. Cabalgan entre el trip-hop y el dream pop y su nuevo álbum (creo que es el segundo), Blush Response, es totalmente recomendable y para disfrutar en momentos de sosiego (o al menos así me funcionan a mí). He elegido «Falter», pero podrían haber sido «Real Life» o «Talk About It», por ejemplo.
Llevo días (tal vez semanas) con esta canción repitiéndose obsesivamente en mi cabeza, sin que sepa muy bien el origen de que haya vuelto ahí. Nunca he seguido demasiado exhaustivamente la carrera de Paul McCartney en solitario, pero con seguridad el disco que más he escuchado es Flowers In The Dirt. Recuerdo que en su momento en Los 40, que era lo que yo escuchaba entonces, hicieron un programa especial con motivo de su lanzamiento, y en mi memoria (tal vez en esto me falle o me lo esté inventando, pero tampoco voy a buscarlo para comprobarlo) presentaron dicho programa Rafael Revert (entonces director de Cadena 40), José Antonio Abellán y Joaquín Luqui.
«This One» fue el segundo single y una de mis favoritas del disco, aunque también me gustaban mucho «My Brave Face» (single de adelanto), «Distractions» o esa marcianada, que venía como bonus track en el CD y que fue single en Estados Unidos, titulada «Où est le Soleil?«.
Esto decía (o así lo recoge Reddit) Paul sobre la canción en la revista People en marzo de 2017:
“Es un juego de palabras completamente tonto. A mi padre le interesaban mucho las palabras, los crucigramas y esas cosas, y a mí también en el colegio. Luego, al hacerme compositor, me interesé por los juegos de palabras. Así que cuando oí a alguien decir ‘This one’ [«este»], pensé que también podía ser ‘this swan’ [«este cisne»]. Me gustaba esa imagen de un cisne, como en el arte hindú: Krishna y el cisne deslizándose sobre los nenúfares. Me atrajo esa imagen, y eso fue lo que acabó siendo, usando los dos sentidos de la palabra. Y entonces el vídeo de Tim Pope también tomó ese camino”.
Estoy contento de que Rockdelux haya incluido en su lista de mejores canciones nacionales del año esta de Juanjo Bona (que podría estar incluso más arriba). A ver si se cuela también en su lista de álbumes, que todavía no ha salido. Una de las cosas que tengo pendientes de escribir es algo sobre ese (fantástico) disco, Recardelino, pero igual otro año será.
También contento de que hayan elegido como mejor canción del año la que, efectivamente, es la mejor canción del año.