Categoría: [Radar]

  • Mondrian vs. Moss + Blackouts alcohólicos + Movida en tren

    📰 ‘Her time has come’: did Mondrian owe his success to a cross-dressing lesbian artist who lived in a Cornish cove? (The Guardian, 12/01/2026, en inglés). Un artículo (de título insuperable) que reivindica a Marlow Moss como figura clave del neoplasticismo, mostrando cómo influyó en Mondrian y cómo su obra, marcada por su identidad queer y su rigor constructivista, está siendo finalmente rescatada del olvido. «Muchos museos colocan a Moss en primera fila en el debate sobre la originalidad, pero nos estamos alejando del relato de ‘quién lo hizo primero’ y nos centramos en cambio en el intercambio de conocimientos».

    📰 Salir de fiesta y a la mañana siguiente no recordar casi nada: la ciencia ya sabe lo que le ocurre a tu cerebro. (Xataka, 16/01/2026). «En resumen: durante una borrachera intensa, el hipocampo sigue encendido para almacenar recuerdos, pero el ‘botón de guardar’ está completamente desconectado. Por eso, al día siguiente no importa cuánto nos esforcemos: no hay nada que recuperar porque no se grabó nada en el hipocampo». 

    📰 La noche en que un tren con barra libre llevó la Movida madrileña a Vigo y el vagón donde nacieron The Rolling Stones. (El País, 13/01/26, versión sin muro de pago). «En tren se intentó llevar también la Movida madrileña hasta Vigo, pero fue un fracaso. La idea se llamó Madrid se escribe con V de Vigo y costó 18 millones de pesetas. Grupos y músicos como Gabinete Caligari, Los Nikis, Alaska, Ana Curra y Fabio McNamara viajaron en el tren Rías Baixas, que salió de la estación madrileña de Príncipe Pío en la noche del 20 de septiembre de 1986. Más adelante, el proyecto incluía otro tren lleno de músicos en sentido contrario, de Vigo a Madrid, pero ese viaje nunca llegó a organizarse. Parte del problema del viaje inicial fue la barra libre que hubo dentro del tren durante toda la noche. La historia de ese viaje absolutamente disparatado me llega a través de Jesús Ordovás [periodista musical y autor de La Movida madrileña y otras movidas, entre otros libros]. Él es una de las personas que estuvieron en aquel tren’, dice Miguel López».

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  • Alcaldes | Los otros | TickTick


    📰 ‘We have a new role’: mayors across the world increasingly taking on society’s biggest challenges. (The Guardian, 06/01/2026, en inglés). Los alcaldes de ciudades como Budapest, Barcelona y París están asumiendo un papel más activo en la lucha contra desafíos sociales, como la crisis de vivienda y la defensa de los derechos LGBTQ+. “Desde Zohran Mamdani hasta Sadiq Khan, el perfil cada vez más global de los alcaldes ha intensificado el escrutinio sobre sus acciones, llevando a algunos al punto de mira de las guerras culturales. En París, por ejemplo, el esfuerzo de años de la alcaldesa Anne Hidalgo por crear barrios de 15 minutos y hacer la ciudad más verde fue aclamado por progresistas de todo el mundo, mientras que fuerzas de la derecha radical y del centro‑derecha se opusieron a estas iniciativas».

    🎙️ Delirios de España. La increíble historia del rodaje de ‘Los Otros’. Aquí hay una historia tremenda de la que creo que muy pocos (tal vez solo los que la habían vivido y no aireado demasiado hasta el momento) eran conscientes. Con Juan Sanguino tengo sentimientos encontrados: me parece un gran narrador de historias, el mejor cronista posible para eventos tipo OT (independientemente de que esté de acuerdo con él o no), pero en general un pésimo historiador (el libro ese que escribió sobre los 90 está tan lleno de invents que resulta sonrojante). Sin embargo, ante este pódcast no puedo sino quitarme el sombrero: supo oler la oportunidad, rodearse de todo aquel dispuesto a contarla (algunos más que otros: mérito suyo también convertir en una estrella al genial director de producción Emiliano Otegui) y hacer una de las historias orales más memorables y divertidas que yo recuerde. El último episodio, a modo de cara B, con Vigalondo y el propio Emiliano, otra joya.

    📲 Soy un fanático de las apps de productividad y organización. Nómbrame una y probablemente ya la haya probado (y, seguramente, desechado). Sí, soy de los que pasan más tiempo organizando, planeando y registrando cosas que luego haciéndolas, pero en realidad todo el proceso resulta siendo una afición en sí, creer que puedes tener mejor controlado tu tiempo no deja de ser una excusa. En cuanto a gestor de tareas, fui en su momento de Wunderlist, la abandoné cuando la compró (y arruinó) Microsoft, y luego estuve (descontento) con Todoist y Superlist. Ahora estoy más o menos estable (aunque nunca se sabe, ¡todo podría cambiar mañana!) con TickTick: tenía mis reservas en cuanto al diseño y la interfaz, pero han ido mejorando mucho, y en cuanto a funcionalidades y posibilidades de personalización creo que es imbatible. Pago la suscripción anual, que tiene un precio más que razonable (unos 36 dólares al año) y desbloquea bastantes ventajas con respecto a la gratuita. La utilizo tanto para gestión del trabajo como personal.

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  • Listas | Los Prieto Flores | The Traitors UK

    📰 El siglo de las listas (El País, 04/01/2026, versión sin muro de pago). Elvira Lindo sobre listas ajenas («…de las mejor vestidas, de los divorcios más escandalosos, de las 15 ‘appliances’ de cocina imprescindibles, de los diez ejercicios de fuerza que te harán llegar a centenario tan pichi, de los mejores panettones y roscones, de los diez músicos que se nos fueron en 2025, de las artistas pop que aumentan el PIB, de los diez acantilados que deberías visitar una vez en tu vida, de las mujeres más influyentes.») y propias («Hago listas de las ciudades y las calles en las que he vivido, de las mudanzas, de las traumáticas obras domésticas, de los buenos amigos que he hecho cuando se dice que ya no toca, de los que perdí, de las ocasiones en que me emborraché (contadas), de las veces que me he caído (muchas), de los golpes de suerte (incontables), incluso hago listas secretas que dan cuenta de aventuras de juventud que casi olvidé»).

    📺 Los mejores discos y cassettes de 2025. Los Prieto Flores (YouTube, 30/12/25). Yo también era muy de listas (sobre todo musicales, de hacerlas y de leerlas), pero ahora me pierdo entre tanta sobreabundancia (muchas clónicas, la mayoría interminables, otras insufriblemente pretenciosas). Pero sin duda una de las imprescindibles para resumir y, sobre todo, descubrir (como, por ejemplo, su número 1, que no conocía y me encanta), sigue siendo la de los Prieto Flores. También han hecho una lista de (ya lo siento) Spotify.

    📺 The Traitors UK (temporada 4) (BBC One / iPlayer) / Traitors España (temporada 2) (Atresplayer). Soy pesadísimo con (The) Traitors, pero es que podría verlo todo el rato; de hecho, no hace tanto que terminó la versión británica con celebrities y ahora estoy viendo la cuarta temporada de concursantes anónimos (el recién emitido 04×03 es tal vez uno de mis episodios favoritos de todos los tiempos y todas las ediciones) y también la segunda de la española. Poco más que añadir sobre el formato a lo que he dicho unas cuantas veces.

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  • Leica | Mil cosas | Escolar

    📰 Leica, la cámara que nació en 1914 para poder pasear por la ciudad y cambió la historia de la fotografía (elDiario.es, 09/09/2025). Un artículo sobre la historia de la icónica marca alemana, que cumple 100 años y a la que se le está dedicando una exposición en el Centro Cultural de la Villa de Madrid hasta el 11 de enero de 2026.

    📖 Juan Tallón: Mil cosas. Cuenta el autor que lo escribió prácticamente de una sentada y puede leerse prácticamente del mismo modo: no lleva más de una tarde. Tiene muchas virtudes y no puedo decir que esté mal, pero le vi el truco demasiado pronto. De Tallón me gustaron mucho más Rewind u Obra maestra.

    📺 En primicia: Ignacio Escolar (RTVE Play, 09/12/2025). Un programa de TVE dedicado a hacer perfiles de periodistas españoles, no había visto ninguno de los anteriores. En el que dedican al director de elDiario.es, se repasa su trayectoria (ay, aquellos tiempos de las noticias de internet en Tele 5 y de los inicios de Público) y alguna de sus exclusivas. A veces da un poco de cringe, pero supongo que es natural cuando uno se pone a hablar de sí mismo, que se puede pasar un poquito de frenada. También se comenta la época de Meteosat y gracias a ello me entero de que los producía Fino Oyonarte (que también sale). Con todo, me gustó.

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  • Todos vivimos ahora en el castillo del vampiro [elsaltodiario.com]

    Este artículo de Yasha Levine sostiene que las redes sociales han erigido un “castillo del vampiro” que convierte el conflicto y la indignación en adicción rentable, despolitizando y pacificando a la ciudadanía. La salida pasa por recuperar organización material fuera de las plataformas y cortar la dependencia obsesiva de la información en tiempo real.

    Han pasado casi doce años desde que Mark Fisher escribió su ensayo Salir del castillo del vampiro sobre la cultura política tóxica y destructiva que había surgido en los círculos de la izquierda liberal a raíz de las tecnologías de las redes sociales. 

    […]

    Fisher no se centró en las políticas de la tecnología que crearon el castillo del vampiro, pero esas políticas están ahí. El castillo del vampiro se construyó sobre las redes sociales, y las redes sociales están diseñadas para generar y multiplicar el conflicto, para despertar la rabia, sembrar la división y ensanchar las diferencias, y, en última instancia, controlarnos y pacificarnos haciéndonos adictos a las interacciones digitales. Éste es el modo en el que los gigantescos monopolios del sector hacen dinero y nos mantienen en sus plataformas.

    […]

    Es verdad que las redes sociales no inventaron las peleas políticas intestinas ni los conflictos mezquinos. Pero internet ha permitido que se nos inunde de ello a una escala sin precedentes. Somos bombardeados por contenidos basura centrados en guerras culturales veinticuatro horas al día, siete días a la semana.

    […]

    Con el tiempo he llegado a la conclusión de que no podemos abandonar el castillo del vampiro sin abandonar físicamente la tecnología con la que fue construido. Hemos de comprender que esta tecnología tiene una política propia y que no podemos escapar plenamente de ella mientras vivamos en su tecnología, absortos en nuestros teléfonos móviles. Pensar que puedes ganar desde dentro del castillo del vampiro es lo que te atrapa todavía más, es lo que hace que el castillo del vampiro sea lo que es.

    […]

    He participado del “Twitter político” desde hace más de una década. Lo he visto desarrollarse y he visto formarse una cultura a su alrededor. Demonios, he sido una de las personas que ha participado en él y que ha aportado su granito de arena a formarlo. En los últimos años he dado un paso atrás, lo suficiente como para ganar una distancia crítica. Y una de las partes más perturbadoras de la cultura que la tecnología de las redes sociales ha creado es que ha dado a la gente una necesidad casi obsesiva-compulsiva de “saber”, de saber lo que está ocurriendo ahora mismo, de estar conectado, de estar al corriente. Esta parte de la cultura siempre está ahí, un día tras otro. La gente se despierta e inmediatamente explora su feed, sincronizando su cerebro con todo lo que ha ocurrido mientras estaban durmiendo.

    […]

    Acumulamos cada vez más y más información sobre el mundo exterior, un mundo alejado de nuestra experiencia cotidiana. ¿Y con qué fin? No hay nada que podamos hacer con la información. Una cosa es estar al corriente de las noticias, pero esto es algo diferente. La gente se ha convertido en expertos especializados, como si se sentasen en una mesa del FSB o la CIA y fuesen los responsables de conocer el movimiento exacto de tropas en el frente en la guerra en Ucrania o las localizaciones precisas de los bombardeos israelíes en Irán. ¿Para qué? No estoy del todo seguro. Para entretenerse, supongo. Pero es una forma de entretenerse macabra y desestabilizadora. Acecha ahí, se acumula y abarrota las cabezas de información, haciendo que brote por las orejas y crezca en montañas a nuestro alrededor.

    […]

    No estoy diciendo que disponer de información y conocimiento sobre nuestro mundo no pueda ser útil o empoderador. Puede serlo. Pero creo que hemos entrado en una realidad muy diferente. Nuestras mentes están tan atiborradas de información y carecen de cualquier manera de darle utilidad, más allá de discutirnos online con nuestros enemigos ideológicos, que recibir más información solamente nos debilita. Nos hemos convertido en obsesivos-compulsivos sin remedio, atrapados en un loop infinito de necesitar “saber”. Somos un caso clínico, no muy diferente al de la gente que no puede dejar de lavarse sus manos o desinfectar los pomos de las puertas un millón de veces.

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  • Charli xcx sobre ser una ‘popstar’

    Lo cuenta en su Substack.

    Una de las principales realidades de ser una estrella del pop es que, a cierto nivel, es jodidamente divertido. Vas a fiestas increíbles en un SUV negro, puedes fumar en el coche, sacar medio cuerpo por el techo corredizo y gritar, y hacer toda esa mierda cliché. En esas fiestas a veces conoces a gente interesante, y esa gente interesante muchas veces realmente quiere conocerte a ti. Puedes llevar ropa, zapatos y joyas fabulosas que a veces vienen incluso con su propio guarda de seguridad que te sigue por toda la fiesta asegurándose de que no pierdas los pendientes absurdamente caros que llevas en las orejas, o de que no dejes que alguna persona random que acabas de conocer en el baño se pruebe el collar que tienes puesto y que básicamente equivale al Corazón del Mal. Te dan cosas muy buenas gratis: móviles, portátiles, vinilos, viajes, gominolas de setas, auriculares, ropa e incluso a veces una bici eléctrica que se quedará en tu garaje sin tocarse durante casi cinco años. En los restaurantes entras por la puerta de atrás y le dedicas una media sonrisa al chef (que probablemente te odia) y a los camareros (que también te odian) mientras ellos sudan haciendo un trabajo de verdad, mientras tú atraviesas la cocina pavoneándote con tus cuatro mejores amigos, que van de acompañantes. Te sientes especial, pero también tienes que sentir en ciertos momentos la vergüenza de lo ridículo que es todo esto. También escuchas un montón de música increíble que sin duda va a cambiar la cultura y la percepción pública meses antes de que salga (recuerdo la vez que Addison me puso «Diet Pepsi» por primera vez mientras conducíamos por Nueva York después de cenar en el Casino). A veces puedes ayudar a tus otros amigos popstars dando una opinión, prestando oído, ayudando a tomar una decisión sobre su trabajo, lo que te hace sentir parte de una comunidad interconectada con gente a la que quieres y respetas. También tienes fans, y su dedicación a tu trabajo te hace sentir que estarán contigo hasta el fin de los tiempos, aunque en realidad no. Te subes a un escenario y te sientes como un Dios. Haces que la gente llore de felicidad; acompañas sus rupturas, su recuperación, sus noches locas, su venganza, su amor, sus vidas. Viajas por el mundo y ves todo tipo de lugares, y ni siquiera tienes que preocuparte por reservar absolutamente nada porque tienes un tour manager increíble que lo hace por ti. Puedes llamar diciendo que estás enfermo cuando te dé la gana y nunca tienes que preocuparte por cancelar a última hora, porque sabes perfectamente que hay otra estrella del pop por ahí que es muchísimo más impuntual e inestable que tú. Gracias a Dios.

    […]

    Otra cosa de ser una estrella del pop es que no puedes evitar que haya gente absolutamente empeñada en demostrar que eres estúpida. Siempre me ha fascinado esto y creo que tiene que ver con la proyección personal. Ser una estrella del pop siempre ha sido, en parte, ser una fantasía, y obviamente esa fantasía la decide sobre todo el consumidor. El marketing, la estrategia, el packaging y la presentación pueden hacer todo lo posible por guiar al espectador hacia el resultado deseado, pero al final del día es el consumidor quien decide si una popstar es un símbolo sexual, o de anarquía, o de inteligencia, o de lo que él o ella quiera ver. A veces a la gente no le gusta ser parte del consenso general; les gusta llevar la contraria a la opinión pública, y ahí es cuando nace esa postura totalmente opuesta y desafiante. En vez de “es un símbolo sexual”, se convierte en “es una zorra”. En vez de “es anárquica”, pasa a “es una puta drogadicta”. En vez de “es inteligente”, se vuelve “es una pretenciosa que no dijo absolutamente nada”, y así sucesivamente. Creo que ahí es donde muchas veces nace la narrativa de la estupidez. Siempre me he preguntado por qué el éxito ajeno despierta tanta rabia y enfado en ciertas personas, y creo que se reduce a que la sociedad patriarcal en la que, por desgracia, vivimos nos ha lavado el cerebro con éxito. Seguimos entrenados para odiar a las mujeres, para odiarnos a nosotras mismas y para enfadarnos con las mujeres cuando se salen de la cajita ordenada en la que la percepción pública las ha metido. Creo que, inconscientemente, la gente aún piensa que solo hay espacio para que las mujeres sean de cierta manera, y que si dicen ser algo, más les vale NO ATREVERSE a crecer, o cambiar, o transformarse en otra cosa. Y obviamente la gente quiere clics, y una postura contraria siempre los consigue. Cuando me uní a Substack hubo un aluvión de artículos y preguntas sobre el porqué. Algunos teorizaron sobre mi supuesta necesidad de escribir textos largos y conectar más con mi base de fans; otros estaban simplemente emocionados; otros sugirieron que estaba siguiendo el consejo de mi discográfica para intentar estar en todas las plataformas; y algunos se sorprendieron de que me quedaran suficientes neuronas como para escribir, con toda la fiesta que me pego (!). La verdad es que siempre me ha encantado escribir, así que ¿por qué coño no? En general me sentí bienvenida en la comunidad, pero también vi esa pequeña ola de gente molesta porque había derribado las paredes de la caja en la que estaban empeñados en encerrarme: la caja, o mejor dicho, la marca, de la chica fiestera que fuma, se mete coca, ama el color verde y no tiene capacidad para nada más. Para ellos soy una tontita porque eso es lo que desean que sea. Supongo que a veces es parte del trato.

    […]

    Mi último pensamiento sobre ser una estrella del pop es que hay una expectativa de que seas completamente sincera todo el tiempo. En los últimos años, algunas personas parecen haber asociado la fama con una responsabilidad moral que nunca he entendido del todo. Todos mis artistas favoritos no son en absoluto modelos a seguir, ni querría que lo fueran, pero quizá eso solo sea cosa mía. Yo quiero hedonismo, peligro y un aire antiestablishment en mis artistas, porque cuando era más joven quería escapar a través de ellos. No me importa si dicen la verdad, si mienten, si interpretan un personaje, si adoptan un papel o si inventan escenarios y mundos enteros. Para mí, ese es el punto: ese es el drama, esa es la diversión, esa es la FANTASÍA.

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  • Píldora: Pequeñas curas [massolit101.substack.com]

    Sí a todo lo que dice Beatriz Serrano en esta entrega de su newsletter Massolit 101 (en Substack) (bueno, tal vez exceptuando esa, ejem, referencia a «antes de los cuarenta», que algunos ya hemos dejado atrás hace bastante tiempo y aun así todo esto sigue aplicando).

    Entonces, en un momento de la velada, charlando de esto y de lo de más allá, uno de mis amigos dijo que no sabía si era el mundo (que había cambiado) o si era él (que se había hecho mayor), pero que desde hacía un tiempo había perdido la capacidad de emocionarse como antaño. Hablaba, sobre todo, de cultura. Pero, en el fondo, hablaba de vivir.

    Y como a mí esa noche me parecía que todo volvía a ser posible, le dije que quizás el tiempo nos vuelve más cínicos, y que la experiencia nos arrebata —poco a poco y si lo hacemos bien en esta vida—, la emoción de las primeras veces, pero que pensaba (y lo pienso de verdad) que si nos permitimos un poco de honestidad con nosotros mismos y no dejamos de tener curiosidad por el mundo que nos rodea, siempre estaremos abiertos a la posibilidad del asombro y la emoción.

    Entonces sucedió algo. Él me preguntó por libros o películas que me hubiesen removido últimamente. Y luego le pregunté a él por libros o películas que le hubiesen removido últimamente. Y resulta que había un montón de libros, películas y canciones que nos habían gustado últimamente. Quizás no con el mismo entusiasmo que cuando teníamos quince años, pero con el suficiente como para no morirnos de tristeza y depresión antes de los cuarenta.

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  • The algorithm failed music [theverge.com]

    Este artículo de The Verge (9/11/2025, en inglés y para suscriptores) critica cómo los algoritmos de recomendación han empobrecido el descubrimiento musical y estandarizado la creación.

    Spotify es el servicio de streaming musical más popular del mundo. Aunque sus recomendaciones algorítmicas no sean necesariamente la razón, su alcance ha hecho que cientos de millones de personas reciban una dieta constante de música seleccionada por una máquina. El objetivo de Spotify es mantenerte escuchando pase lo que pase. En su libro Mood Machine, la periodista Liz Pelly relata una historia que le contó una ex empleada de Spotify en la que Daniel Ek dijo: “nuestro único competidor es el silencio”.

    Según esta empleada, la cúpula de Spotify no se veía a sí misma como una compañía de música, sino como un pasatiempos. La empleada explicó que “la inmensa mayoría de oyentes de música no están realmente interesados en escuchar música per se. Solo necesitan una banda sonora para un momento de su día”.

    Proporcionar simplemente una banda sonora para tu día puede parecer bastante inocente, pero determina cómo funciona el algoritmo de Spotify. Su objetivo no es ayudarte a descubrir música nueva, su objetivo es simplemente mantenerte escuchando el mayor tiempo posible. Te sirve las canciones más seguras posibles para evitar que pulses stop.

    La empresa incluso llegó a asociarse con bibliotecas musicales y productoras dentro de un programa llamado Perfect Fit Content, o PFC. Esto trajo la creación de artistas falsos o “fantasma” que inundaron Spotify con canciones específicamente diseñadas para ser agradables e ignorables. Es música como contenido, no como arte. (El director de comunicación corporativa de Spotify, Chris Macowski, afirma que la compañía no crea música en sí y que los artistas “a menudo usan seudónimos para distinguir proyectos comerciales de trabajos personales”).

    Los servicios de streaming también proporcionaron a los sellos discográficos una cantidad increíble de datos sobre lo que la gente estaba escuchando. Y, en una especie de bucle de retroalimentación, los sellos empezaron a priorizar artistas que sonaban como lo que la gente ya estaba escuchando. Y lo que la gente estaba escuchando era lo que sugería el algoritmo.

    Los artistas, especialmente los nuevos que intentaban abrirse paso, empezaron de hecho a cambiar cómo componían para rendir mejor en la era del streaming impulsado por algoritmos. Las canciones se hicieron más cortas, los álbumes más largos y las introducciones desaparecieron. El estribillo se adelantó al principio de la canción para tratar de captar la atención de los oyentes de inmediato, y cosas como los solos de guitarra prácticamente desaparecieron del pop. La paleta de sonidos de la que tiraban los artistas se redujo, los arreglos se simplificaron, el pop se aplanó.

    En un mundo donde la mayoría del contenido nos llega de forma algorítmica, ya sea en Spotify, YouTube o TikTok, el descubrimiento musical ha sufrido. La firma de investigación de mercados MIDiA publicó en septiembre un estudio alarmante que decía: “cuanto más dependientes son los usuarios de los algoritmos, menos música escuchan”. Concluyó que, aunque el descubrimiento de música nueva se asocia tradicionalmente con la juventud, “los jóvenes de 16 a 24 años son menos propensos que los de 25 a 34 a haber descubierto un artista que aman en el último año”. La Generación Z puede oír una canción que les gusta en TikTok, pero rara vez investigan más allá para escuchar más música de ese artista.

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  • El catolicismo ha vuelto, o eso dicen [elDiario.es]

    Isaac Rosa en elDiario.es (del 03/11/2025, para socios y socias, aquí la versión liberada).

    Parece que el catolicismo vuelve con fuerza, la religión es la última tendencia, lo católico está de moda, los jóvenes andan huérfanos de espiritualidad y se acercan con interés renovado y sin prejuicios a la Iglesia Católica, los tiempos convulsos nos empujan hacia Dios como ancla firme, regresamos a lo sagrado… Digo “parece”, porque yo no me había dado cuenta de nada hasta que en la última semana he leído dos docenas de artículos apuntando todos en esa dirección y casi con los mismos argumentos.

    […] Pero no, no van por ahí los tiros, son otras las manifestaciones de esa vuelta del catolicismo.

    En uno de los artículos señalaban dos ejemplos claros: el nuevo disco de Rosalía, en cuya portada aparece vestida de algo parecido a una monja, y la última película de Alauda Ruiz de Azúa, “Los domingos”, sobre una joven que quiere ingresar en un convento. Ah, bien, interesante, pensé. En otro artículo citaban a Rosalía y “Los domingos” como manifestaciones del fenómeno. En un tercer artículo, “Los domingos” y Rosalía. En el cuarto, el quinto y el sexto artículo coincidían en presentar como síntomas del nuevo momento religioso a… Rosalía y “Los domingos”. Acabáramos.

    Resulta que el último fenómeno social, la tendencia irresistible, el cambio de época, el inesperado giro generacional, el gol en las Gaunas del catolicismo que vuelve con fuerza, se apoya en solo dos obras recientes, coincidentes en el tiempo por mera casualidad, muy distintas entre sí y de dudosa intencionalidad religiosa: una película entre cientos, que habla más de relaciones familiares que de iluminaciones espirituales; y una cantante que lleva años reinterpretando fetiches del imaginario tradicional. Algún columnista añadía, alzando un poco la ceja intelectual, al filósofo Byun-Chul Han. Y para de contar.

    […]

    Leyendo estos días la vuelta del catolicismo, yo me acuerdo de cuando se decía, con el mismo rigor y convicción, que renacía el orgullo de ser español, que los barrios obreros votaban en masa a la ultraderecha, o que las jóvenes querían ser tradwives y quedarse en casa criando hijos y con la cena preparada para el maridito. Afirmaciones todas tan discutibles como esta de ahora del catolicismo regresado; y diría que pronunciadas por los mismos autores y en los mismos medios, en lo que parece una y otra vez una suerte de wishful thinking, o incluso un intento de profecía autocumplida: a ver si de tanto repetirlo, se acaba haciendo realidad. Que de tanto decir que los jóvenes van a misa, acaben yendo.

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