The Oxford comma is the offside rule for intellectuals.
— F.L. Everett (@fliceverett.bsky.social) 2025-10-22T09:18:22.047Z
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Milagros: «Abuela» (2020)
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Milagros fue uno de los proyectos musicales de Ana Molina Hita, miembro y fundadora también del grupo Hola a todo el mundo. Milagros era un coro de trece alumnas del colegio público Pío XII, en el barrio madrileño de La Ventilla, dirigido por Ana. Grabaron tres discos (Milagros, Gloria y Belén, están en Bandcamp) y participaron en la grabación del álbum El mal querer de Rosalía. La letra de esta canción, como todas las del tercer disco, es de la escritora Belén Gopegui.
Este año, Ana Molina Hita ha publicado un libro titulado Un diamante en la basura. Cuaderno infantil, que no he tenido ocasión de leer (o ver), pero del que todo el mundo habla maravillas. Animó a sus alumnos y alumnas a volcar cualquier cosa que se les ocurriera en unos cuadernos que les proporcionó, y el libro es una recopilación de todas esas anotaciones. Lo ha editado Escritos Contextatarios.
En EPSA la entrevistaron hace unos meses, acompañada de su amiga, la también artista Beatriz Lobo, y la conversación fue maravillosa, te hace desear haber tenido una maestra así y te devuelve la fe en
lacierta gente
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Yo me pongo mística cuando escucho La Conquistada de Los Jaivas así que Rosalía, i feel you [otroritmo.substack.com]
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Rosalía ha publicado hace un rato «Berghain», su nuevo single, pero eso no hace falta que lo cuelgue por aquí, pues ya está por todas partes, y lo que quería yo más bien era detenerme en este fabuloso y brillante texto que ha escrito Javiera Tapia (25/10/25 en Otro ritmo, su Substack). Después del (para mí) sorprendente backlash que provocó la aproximación a la estética religiosa que se adivina que la cantante ha adoptado para su álbum LUX, está bien leer una exposición y una opinión tan bien argumentadas (y tan alejadas del mentecolmenismo de las redes) como las de Javiera, a las que yo, sin ser tampoco religioso ―ni siquiera creyente― también me sumo.
Este es un pequeño extracto, pero recomiendo vivamente leerlo entero.
Toda esta semana leía y leía comentarios sobre el peligro de Rosalía de mostrarse católica en estos tiempos de fascismo y pensaba ¿qué están viendo? ¿qué están leyendo? ¿de verdad?
[…]
Aún guardo una estampita de San Pancracio que me regaló mi mamá hace algunos años, aunque no soy católica ni creo en dios. La guardo porque cada vez que la miro, pienso en que mi mamá desea todos los días, cuando se levanta, cuando se duerme e incluso en sus sueños, que yo esté bien. ¿Cuál es el consuelo, cuál es el recuerdo, cuál es la afirmación que le entrega un rosario a la Rosalía? ¿Piensa en su abuela? Me gustaría saber.
A mí todo lo bello y suave del mundo me recuerda a mi abuela.
Desde mi encuentro fugaz con San Pancracio, mi cinismo frente a las creencias de otras personas ha bajado la guardia, aunque debo confesar que en los últimos años de conservadurismo, con fanáticos evangélicos comprando teatros, canales de televisión y radios y teniendo puestos en el congreso, es un tema que vivo a sobresaltos. Sé que cuando el mundo externo (la ciencia, la política, la economía) no nos entrega respuestas ni certezas ni bienestar ni seguridad alguna, cuando no resuelve las crisis existenciales ni morales, las sociedades se vuelcan nuevamente a la religión o al misticismo como una respuesta a esa crisis de sentido. Por eso no me parece extraño que aparezcan estudios que indiquen que, una juventud que no ve un futuro, se haga más religiosa.
[…]
Creo que ella nos quiere mostrar su proceso creativo que a la vez es existencial y espiritual. Algo que de paso, han hecho muchos artistas a lo largo de la historia. Por otro lado, con lo que he leído y escuchado de su boca hasta ahora, me parece bastante luminoso, sobre todo en este contexto en el que no tenemos certezas y que, por ello, los monstruos están al acecho. Prefiero mil veces a la Rosalía contándonos que alcanzó el éxtasis mientras componía una obra para una orquesta, que a nuestros gobiernos laicos legislando con las ideas más terribles que se imponen en nombre de la religión. Su camino más directo a dios, dice ella, es a través de la música. Y lo que para ella es dios, para mí es lo bello. Y para otras personas, quizás también se manifieste de otras formas.
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«Drogas de maricones»: organizaciones LGTBIQ+ denuncian discriminación policial en detenciones por estupefacientes [elpais.com]
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En este artículo de El País (del 24/10/2025, para suscriptores, aquí la versión archivada) se denuncian registros y detenciones discriminatorias a personas LGTBIQ+ en Madrid, con acusaciones de tráfico basadas en cantidades de autoconsumo y perfiles por apariencia.
“A mí me paran [la policía] porque parezco maricón”, afirma Fernando Caudevilla, médico de familia de 51 años, especializado en drogas, residente en el barrio madrileño de Lavapiés. En los últimos 12 meses, la policía le ha dado el alto nueve veces.
“Drogas de maricones”: organizaciones LGTBIQ+ denuncian discriminación policial en detenciones por estupefacientesVarios colectivos aseguran que se “fabrican delitos de tráfico a partir de cantidades de uso personal”, con fijación en los gais en el centro de Madrid. La Fiscalía del Supremo ha puesto el foco en el asuntoelpais.com
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Sr. Chinarro: «Cero en gimnasia» (2000)
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De todos los Sr. Chinarro, porque ha habido lógicamente muchos a lo largo de sus más de 30 años de carrera, me quedo con el de los 90 (casi pongo «El idilio» en vez de esta), el de los juegos de palabras y los sinsentidos, el que «cantaba mal» pero transmitía bien, el que desembocó (¿o fue más punto de inflexión?) en este extraordinario EP producido por Paco Loco, de título de inspiración futbolística (La pena máxima) pero que denotaba también la profunda tristeza y melancolía de sus canciones. Empezando por «Cero en gimnasia». «Tiran las pastillas los chavales / Si se agacha, se le ven las tetas».
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Las sensibilidades de las personas deben tomarse en cuenta
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Sigo superenganchado a The Celebrity Traitors (y llevando regular poder ver solo dos programas por semana), donde además ―y sin hacer spoilers― están sucediendo cosas que nunca habían sucedido antes, al menos en las tres ediciones con concursantes no famosos que se habían emitido anteriormente.
También he visto algún que otro nuevo true crime, tanto de los buenos como de los malos. Entre los primeros, destaco The Perfect Neighbor (Netflix), con un único capítulo de hora y media que va, como su título indica irónicamente, de una vecina problemática, y que está muy bien tanto desde el punto de vista formal (está grabado casi en su totalidad por las cámaras corporales que ahora llevan prácticamente todos los policías) como político/ideológico: en el centro está una ley de autodefensa, en este caso del estado americano de Florida denominada «Stand Your Ground», que «brinda a las personas el derecho a protegerse usando fuerza razonable«. Vamos, que puedes cargarte a alguien si alegas que tenías miedo y temías por tu vida. Pero ¿dónde está el límite?

Entre los malos, Una noche en Idaho: Los asesinatos en la universidad (Prime Video), que parte de un caso interesante y en algunos momentos, casi los únicos destacables, se enfoca en cómo detectives aficionados en redes sociales se obsesionaron con ello y empezaron a lanzar teorías disparatadas y a señalar y sobreexponer sin pruebas a quienes creían culpables, incluyendo a amigos de las víctimas. Pero esa denuncia no da para estirarlo a lo largo de cuatro capítulos bastante prescindibles y que se regodean en un sentimentalismo muy sensacionalista.

Me parece bien la adaptación gráfica española de ‘spoiler‘ como ‘espóiler’, con la acentuación que le corresponde por ser llana acabada en -r, pero el plural me parece igual de problemático que otros similares. Y es que en español los plurales de las palabras terminadas en -r deben terminar en -er, pero nadie dice ‘espóileres’, o ‘pósteres’, o ‘córneres’ (aunque sí, por ejemplo, y como muestra de lo aleatorio que es a veces el uso con respecto a la regla, ‘líderes’). Entonces, aunque en la lengua hablada sí digamos ‘espoilers’, ‘posters’ o ‘corners’, a la hora de escribirlo cambiaría la regla de la acentuación, ya que terminarían en -s y ya no serían esdrújulas, sino llanas, así que no cabría acentuarlas, pero a mí resulta muy extraño un singular acentuado y el plural no, es decir, ‘espóiler’ frente a ‘espoilers’, aparte de que la terminación -rs no es natural en español.
Esto no deja de ser más que un entretenimiento para mí, pensar en estas cosas por un sesgo derivado de mi formación (y no deformación profesional, ya que nunca he ejercido), pero en realidad con el tiempo he ido aficionándome más a la observación y análisis de la anarquía ortográfica y sintáctica que han traído las redes sociales. También me da un poco de risa aquel que presume de compresión lectora (y critica a quien carece de ella) pero luego no sabe vivir sin la tilde del solo porque por lo visto su ausencia le produce un bloqueo mental imposible de deshacer un ambigüedad de significado la mar de simple.
Escribir así no está al alcance de cualquiera (y obvio que lo digo completamente en serio). Ya que estamos, también me llama la atención que en general los anglicismos y sus adaptaciones provoquen más rechazo que préstamos de otras lenguas, pero que generalmente nadie cuestione todo aquello relacionado con el fútbol (que ya como palabra en sí es extrañísima y con una ortografía yo diría que inédita en español), incluyendo el córner, el penalti o el derbi, como si provinieran estos del latín.
Cuando empezó a utilizarse el lenguaje inclusivo, fui muy beligerante con ello (era la época de ser beligerante en las redes sociales, supongo que me dejé llevar), pero veo este vídeo de Chomsky, al que tantas veces vi referenciado mientras estudiaba, y me pregunto: «¿De qué ibas? ¿Acaso Astrud te dedicaron a ti alguna vez una canción?».
Hay personas que piensan que no deberiamos usar ‘he’ (él) como pronombre neutro. De acuerdo, entonces usemos otra palabra. Las sensibilidades de las personas deben tomarse en cuenta.
Como me suele suceder, tengo varias ideas iniciales sobre las que escribir, pero luego acabo yéndome por las ramas y la mayoría de aquellas ideas primigenias quedan pendientes, porque también tengo un límite de tiempo de poder escribir sin aburrirme. Así que de momento esto es todo, pero quiero acabar con una canción de Los Verdugos, uno de los mejores grupos españoles (no solo en esta, sino en cualquiera de sus anteriores encarnaciones) que hay, que además resulta que sacaron álbum (el primero, por raro que parezca) el mes pasado y yo me enteré, mea culpa, hace solo unos días. En esta canción, además, hace los coros Teresa de Espanto. Sublimes.
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La modestia de mis necesidades
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Hace unos días se conocía la muerte de Luis Badenes, cantante del grupo valenciano Glamour, que se dio a conocer en 1981 con este clásico tecno-pop neorromántico (todo eso) titulado «Imágenes».
El periodista (también valenciano) Rafa Cervera ha recuperado los negativos de las fotos del fanzine Estricnina, que realizó él mismo en aquella misma época, entre 1982 y 1983, con entrevistas y sesiones improvisadas a figuras de la escena madrileña como Carlos Berlanga, Pedro Almodóvar, Ana Curra o Bernardo Bonezzi. Cervera había dado estas fotos por perdidas, pero ahora han sido restauradas digitalmente a partir de los negativos originales, y ha decido imprimir una selección en tiradas limitadas, que están disponibles en Las fotos de Estricnina.

Carlos de frente, 1982 
Pedro y el semáforo, 1982 
Curra 83 #5, 1983 
Santiago en el ensayo, 1982 
Bernardo #1, 1983
El pasado junio, Joan Vich anunciaba en Bluesky otro fallecimiento, el de su amigo Alejandro Caja, novelista, ensayista y poeta. No tuve el gusto de conocerlo, ni siquiera nada de su obra hasta entonces, pero el soneto de Alejandro que Joan dejó a modo de homenaje me dejó profundamente tocado.
Su también amigo Luis de Benito le dedicó un programa en Radio 3, muy emocionante y lleno de afecto.
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Arteligencia intificial
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No he conseguido, de momento, que la gente utilice demasiado los comentarios del blog. Cuando alguien tiene a bien aportar o comentar algo sigue haciéndolo normalmente en la publicación de la entrada en las redes sociales. No pasa nada, es difícil volver a cambiar ciertas dinámicas y entiendo que la mayor parte de la conversación se ha movido hacia allí. Pero lo que sí se ha vuelto más creativo es el spam que recibo: la inteligencia artificial ha hecho que los (falsos) comentarios sean (o parezcan, al menos) más elaborados. Aquí unos ejemplos.




¡Diría que este es el mayor hit de Ladytron en mucho tiempo!
Los pasaportes suizos de nueva generación se emitieron en otoño de 2022 por la Oficina Federal de Policía (fedpol). Desde 1959, el característico pasaporte rojo se considera uno de los documentos de viaje más sofisticados y seguros del mundo. Con el nuevo encargo de diseño, RETINAA quiso honrar la tradición de innovación de las artes gráficas suizas. En estrecha colaboración con un grupo de expertos liderado por fedpol, y en cooperación con Thales y Orell Füssli, el estudio creó un diseño que combina una estética limpia, aunque compleja, con funciones de seguridad de última generación.
El pasaporte suizo es algo más que un documento administrativo. Es la expresión de la identidad helvética y actúa como embajador de Suiza en el extranjero. Es una celebración de lo suizo y un escaparate del saber hacer tecnológico. Además de aumentar la seguridad y ser resistente a la falsificación, el diseño debía explorar estos aspectos para crear un documento en el que el titular confíe, con el que se identifique y del que pueda sentirse orgulloso.






The Design of the New Swiss Passport (kottke.org)
El título de esta entrada está sacado de este temazo de 2020 de Alcalá Norte (antes de que sucediera TODO).
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Como un fan
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Mi formato de televisión favorito ever es The Traitors (o Traitors a secas, en su versión española), que funciona como reality que no humilla a los concursantes y como artefacto de suspense, lógica y estrategia; es emocionantísimo. Y de todas sus variantes internacionales, mi favorita es, por supuesto, la británica. Sus tres temporadas son impresionantes, así que cuando finalmente empezó, la semana pasada, The Celebrity Traitors, la versión protagonizada por famosos, para mí es como si hubieran comenzado a la vez Eurovisión, la Champions y Operación Triunfo.
En realidad, la primera temporada de la versión española ya era de celebrities, con un casting que estaba muy bien y que tenía entre sus nombres a Anna Allen, Fernando Guillén Cuervo, Abril Zamora, Juan Sanguino o Cristina Cifuentes. Pero es que en la de UK está gente como Alan Carr, Stephen Fry, Jonathan Ross, Tom Daley, Charlotte Church o Celia Imrie. Es increíble ver a gente tan witty enfrentarse a los mismos dilemas y ser tan poco hábil descubriendo la identidad de los traidores (porque esa, básicamente, es la mecánica del juego, pero que tampoco es muy de contar sino de vivir) que los concursantes menos conocidos. Pero es también increíble verlos enfrentarse a ello con ese humor. Y también es muy curioso ver que nadie está a salvo de los problemas de spelling a la hora de escribir en la mesa redonda los nombres de los sospechosos en la pizarra, por mucho que pudieras pensar lo contrario.
El único problema es que esta edición la estoy viviendo casi en tiempo real: se está emitiendo ahora mismo a razón de dos episodios por semana, así que a diferencia de las anteriores, que fue puro binge watching, ahora tengo que morderme las uñas esperando a la resolución de la semana que viene.
Hablando de Operación Triunfo, también lo estoy viendo, religiosamente, como casi siempre, aunque he de decir que este año encuentro pocos alicientes a los que asirme en cuanto a los participantes, ni como concurso de canción en sí ni en cuanto a posible proyección futura. Ni veo una ganadera clara, como el año pasado lo era
AinaraNaiara (aunque después no se ha comido un rosco, la pobre ―este año, si tengo que apostar, será Cristina); ni tengo una figura clara con la que enrocarme emocionalmente, como me pasó el año pasado con Juanjo; ni nadie a la que le vea especialmente una proyección posterior cuando las luces del programa se apaguen. Excepto a Lucía Casani (en el vídeo, la rubia), que sí creo que tiene el talento y magnetismo suficientes como para trascender más allá de diciembre. Una pena, y una injusticia, que tanto ella como Judit estén nominadas esta semana, habiendo gente que se lo merece muchísimo más (¿Max? ¿Hola?).
Este año no estoy siguiendo casi nada OT por redes sociales, a veces echo medio ojo, pero creo que los mejores momentos de vivirlo live ya pasaron; donde hubo ingenio hay hate, y eso me interesa menos, pero de la anterior edición recuerdo aquel mantra que decía: «Es la única persona de la que cuando acabe todo esto me compraría un disco o iría a un concierto» (normalmente referido a Paul Thin). Bueno, pues yo…
Lloro siempre que veo este vídeo. Sed fans siempre. Let people enjoy things.
(Ya hablaremos de «El destello» y del disco de Juanjo, lo tengo pendiente).
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La revolución supersexual
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Yo ya no quiero que vuelvan Astrud; me conformo con haber sido tan afortunado como para haberlos vivido. En 1999, en Los conciertos de Radio 3 (aunque yo conocí esto por un MP3 que rulaba por Audiogalaxy mucho antes de verlo en YouTube, básicamente porque YouTube no existía) hicieron un medley consistente en “Androgynous Mind” y “Kool Thing” de Sonic Youth, “Safesurfer” de Julian Cope y “Sophisticated Bitch” de Public Enemy. ¡¿A quién se le ocurre?! Solo a ellos.

