• Nuevos recuerdos (de Suiza)

    Tenía mucha curiosidad por esto: Hidrogenesse para Martin (Urrutia). El resultado es Carlos & Genís 100% y, desde luego, nada complaciente: invita a escuchas repetidas (¡estoy en ello!). Junto a su pareja, Juanjo Bona, Martin tiene uno de los fandoms más fieles de OT 2023, a ver qué tal acogen esto (si nos dejamos llevar por las primeras reacciones de YouTube, francamente bien, y yo que me alegro).

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  • Adanismo no hay más que uno

    «Drive» es una de mis canciones favoritas de R.E.M., y creo que me gusta tanto esta reinterpretación que hicieron para el disco Alternative NRG (1994), comisariado por Greenpeace, como la original.


    Adanismo. Es la creencia errónea de pensar que cuando uno hace o dice algo, es la primera vez que eso se ha hecho o dicho. Con esto en mente, cada vez que escribo algo sé que, aunque la inconsciencia o el olvido me exoneren en cierta medida, estoy copiando a alguien. O, peor aún, estoy diciendo algo de forma mucho peor que alguien ya lo hizo hace mucho, es decir, estoy degradando la idea original. Por eso, mucho cuidado con ir de creadores o descubridores de grandes ideas; la historia de la humanidad ha sido ya muy larga y todo se ha dicho. Pero entonces, ¿no podemos decir nada? Sí, claro. Tu época es nueva, así que de lo que se trata es de decir lo ya dicho desde la perspectiva de tu momento: ahí estará la novedad.

    Herramientas cognitivas VIII (La Máquina de Von Neumann)

    Ya lo decía Morrissey, el mejor letrista de la historia, if you ask me (ask me, ask me…):

    You say, «‘Ere thrice the sun done salutation to the dawn»
    And you claim these words as your own
    But I’ve read well, and I’ve heard them said
    A hundred times maybe less, maybe more

    If you must write prose and poems
    The words you use should be your own
    Don’t plagiarise or take on loan

    ‘Cause there’s always someone, somewhere
    With a big nose, who knows
    And who trips you up and laughs when you fall
    Who’ll trip you up and laugh when you fall

    You say, «‘Ere long done do does did»
    Words which could only be your own
    And then produce the text from whence was ripped
    Some dizzy whore, 1804


    Trellick Tower, Kensington, west London (1972) (Fotografía: Chris Morphet/Getty Images)
    Alton West, Roehampton, southwest London (1959) (Fotografía: Heritage Images/Getty Images)
    Cascades, Isle of Dogs, east London (1988) (Fotografía: Florian Monheim/imageBROKER/Shutterstock)

    Thumping ambition – and demolition: 10 high-rises that changed modern Britain (The Guardian)

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  • Adolescencia inacabada

    Me ha encantado este mashup, está superbién hecho, aunque claro, también hay que tener en cuenta que parte de dos temazos como «West End Girls» y «Unfinished Sympathy». «Con buen pijo, bien se jode, ¿no sabes?», que decía la Madonna chanante.

    Massive Attack & Pet Shop Boys – Unfinished Sympathy/West End Girls (Matt One 2025 mashup) (Reddit)


    Decía yo el otro día que «la memoria […] no es más que un puzzle arrojado sobre una mesa al que le faltan piezas que vamos rellenando creativamente. Que lo que no recordamos bien, nos lo inventamos, vamos, y que además eso cada vez se va convirtiendo más en un teléfono escacharrado mental y en un abismo entre lo realmente sucedido y lo supuestamente recordado». Que eso no se me ha ocurrido a mí solo, obviamente, pero me ha hecho gracia que Isaac Rosa en un artículo publicado estos días haya utilizado también la metáfora del teléfono escacharrado, que ahí sí pensaba yo de modo iluso que estaba siendo un poco original.

    Eso que dice la neurociencia de que cuando recordamos un suceso, en realidad lo que recordamos es el recuerdo que elaboramos la última vez que tratamos de recordarlo, valga el trabalenguas. Mis diecisiete que yo le cuento a mi hija con toda viveza, en realidad son una vieja retahíla que ha ido cambiando en cada recuento, cual juego del teléfono escacharrado.

    Hay muchas otras cosas ahí que suscribiría yo perfectamente (aunque no tenga descendencia).

    Pero mayor es la distancia entre aquel adolescente que fuimos, y los adolescentes de hoy. Mi propia hija. Por mucho que queramos creer que la juventud es la misma en cada época (y en cierto sentido lo es, sin paradoja), y por más que los cuarentones y cincuentones de hoy nos sintamos eternamente jóvenes (no lo somos, y siento decirte que tus hijos te ven tan mayor como tú veías a tus padres entonces), mis diecisiete de 1991 están tan lejos de los diecisiete de mi hija, como lo estaba yo entonces de los diecisiete de mi padre. O seguramente más, por la aceleración de estas décadas, no solo aceleración tecnológica.

    Me hace gracia pensar que para mi hija el Nevermind de Nirvana es tan antiguo como lo era para mí el primer disco de Elvis Presley: la misma distancia en años desde nuestras respectivas adolescencias. La caída de las Torres Gemelas que sacudió mi juventud es tan histórica para ella como lo fue para mí el mayo de 1968. A veces no nos damos cuenta, porque vivimos acelerados y a la vez atrapados en un eterno presente: los mismos grupos de mi adolescencia siguen hoy tocando en festivales, la industria cultural se alimenta de remakes y reboots, y la política más reaccionaria nos vende nostalgia. Pero por muy cercanos que nos sintamos ella y yo, no vivimos en el mismo mundo. Y por bien que nos entendamos, no hablamos el mismo idioma. Ningún lamento en que sea así, ley de vida.

    Yo no idealizo mi juventud, ni se la deseo a mi hija. Su futuro no está en mi pasado. No sé si su tiempo es más o menos difícil que el que me tocó a mí, las comparaciones históricas no suelen funcionar bien, y me pongo en guardia ante cualquier frase que comience con “en mis tiempos…”.

    Esta última frase me ha hecho recordar otra de esta entrevista a Yolanda Ramos (las negritas son mías y no puedo estar más de acuerdo).

    P. La película reivindica a la llamada «generación de cristal». 

    R. No me gusta ese término. El primer síntoma de que te estás haciendo viejo es cuando empiezas a criticar a los jóvenes, cuando te metes con unos niños que no tienen ninguna esperanza ni en el trabajo ni en nada. A mí me rompe el alma ver a un adolescente llorar, excepto a la mía [risas]. Tiene 13 años, una edad muy complicada. Si acaba llorando, es porque me ha dado por saco.

    P. ¿Por qué subestimamos a los jóvenes?

    R. Siempre pasó. En mi época era porque no sabíamos lo que habían pasado nuestros abuelos en la guerra. Yo nunca le digo a mi hija: “Si te hubiera tocado mi tiempo”. No quiero que le hubiera tocado mi tiempo.


    David Bowie en 1980 siendo effortlessly cool, como solo él sabía.

    David Bowie in Kyoto, Japan, 1980 📷 Masayoshi Sukita (Andy Mackenzie en Bluesky)

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  • anti: su electrónica

    Hasta este año, anti (el proyecto en solitario de Tito Pintado, miembro anteriormente de Penelope Trip y Telefilme) había publicado dos discos: un EP en 1998 en Elefant Records y un deslumbrante álbum titulado antiaventura, que sacó en 2009 el sello Federación de Universos Pop. Desde entonces, pues, había habido dieciséis años de sequía (de publicación, que no creativa) de la que parece querer resarcirse de golpe: solo en 2025 lleva ya tres (excelentes) referencias: el EP en américa, el single infantil/islandia (con edición en vinilo de Discos Garibaldi) y ahora un nuevo EP, su electrónica, que contiene además, y como era bastante común en otros tiempos, cuatro remezclas de la canción titular (a cargo de Memorabilia, Hidrogenesse, Encanto y el propio anti).

    Y parece que la cosa no se quedará ahí, pues sigue componiendo a buen ritmo (y además se nota que disfruta mucho haciendo nuevas canciones) y es probable que próximamente siga habiendo novedades. Como una de las cosas que más me gustan es escuchar (o leer, en este caso) a músicos hablando de su obra, este es Tito presentando su nueva música:

    «su electrónica» partió de una base de Luis Espanto (Encanto) a la que fui añadiendo ritmo, voces y más cosas. Queda feo decirlo, pero me parece una canción mágica. La base de Luis duraba un minuto y medio, pero se me ocurrieron tantas melodías y arreglos que la alargué a cuatro minutos.

    La letra, aunque es muy naif, también me gusta mucho. Me gusta la idea de alguien usando los sintetizadores como un juguete, ir probando cosas y efectos como un juego, por encima de componer una canción propiamente dicha. Las ondas de LFO que pueden ser pinceles de distinto grosor, el arpegiador que puede generar distintas formas y colores. Aunque no estaba en mi mente algo así, también me hace gracia que por la forma de cantar pueda parecer un blues, una oda a un sintetizador en vez de a una guitarra.

    Como tiene tantas melodías, se me ocurrió rescatar el concepto noventero de los eps con remezclas, y creo que acerté, estoy muy contento con todas, tan distintas entre sí, cada una cogiendo partes distintas de la canción que las otras. Destaco la de Memorabilia (mi amigo Michel, de Gijón). Publicó un par de cosas en recopilatorios del sello Cosmos a finales de los 90 y tenía la música muy abandonada (¡estoy yo para hablar!), pero le ha quedado genial. Mi remezcla también me gusta mucho, es la primera que hago. Me encantaría remezclar a otra gente.

    Otra cosa que me encanta es el título, que suena tan rimbombante y pagado de sí mismo; parece un título de un disco de jazz, y la idea de la portada (de Araceli Segura) va un poco por ahí. Pero luego en la letra se aclara que no es «mi» electrónica sino la de una chica japonesa, entendiendo lo de «su» no como una gran obra maestra y personalísima sino como algo íntimo, casero, alguien que hace música pensando más en disfrutar que en el número de seguidores o escuchas. ¡Me identifico mucho con esa chica!

    Y finalmente el vídeo lo he hecho yo en plan casero cortando y pegando, primera vez que hago uno, quiero hacer más, combinar sonido e imágenes en plan collage me encanta.

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  • Marketplace

    Desde Hartlepool (Inglaterra), un quinteto llamado Marketplace con su indie pop canónico por el que se les compara a menudo con The Beths. Han publicado este año un EP titulado Marketplace Mean Business que tiene cuatro canciones fantásticas. Mi favorita es esta, «Ode to Monty».

    Pero esta otra también es tremenda.

    Y aquí un vídeo de su concierto.

    (Esta es una serie dedicada a algunos de mis artistas favoritos de la edición de 2025 del festival The Great Escape, puedes ver las anteriores entradas pinchando en la etiqueta de debajo o directamente aquí).

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  • Un pueblo endemoniado

    Creo que ya habido la moda de ver true crimes, la moda de cuestionarse la moralidad de true crimes y señalar también la de que los veían, y ahora no sé exactamente en qué punto estamos, pero personalmente sí soy un gran aficionado al género. La curiosidad por lo que se esconde tras un crimen y la fascinación por El Mal son desde luego más viejas que el hilo negro. Y, obviamente, como en todo género dentro de los true crimes los hay mejores, peores y regulares.

    The Yogurt Shop Murders (4 episodios, de HBO Max) es de los excelentes. La premisa es el brutal asesinato de cuatro chicas en 1991 en Austin, Texas, pero lo que lo eleva por encima de otros es el cuestionamiento autocrítico que hace muchas veces del propio género y la introducción de elementos como la mercantilización de los crímenes (a veces por parte de las propias familias, que lógicamente ven como el fin justifica cualquier medio) o la búsqueda mediante dudosas tácticas (se habla mucho de los procesos que conducen a confesiones falsas) de un relato lógico, la necesidad de encontrar a un culpable creíble aunque no sea estrictamente el verdadero.

    Hay varias líneas temporales, un documental frustrado hace años que pasa a formar parte del documental actual, reflexiones sobre el trauma infinito de quien se ve expuesto colateralmente a un drama así, y una de las cosas que más me interesó es que es también un tratado de cómo funcionan los recuerdos y la memoria, que, como se dice al principio de un capítulo, no es más que un puzzle arrojado sobre una mesa al que le faltan piezas que vamos rellenando creativamente. Que lo que no recordamos bien, nos lo inventamos, vamos, y que además eso cada vez se va convirtiendo más en un teléfono escacharrado mental y en un abismo entre lo realmente sucedido y lo supuestamente recordado.


    En esta crítica de The Guardian se dice que tiene la docuserie tiene un aire lynchiano, un tópico del que tal vez se abuse demasiado, pero está tan bien argumentado, e incluso reconocido por su directora, Margaret Brown, que es difícil contradecirlo. También magnética e inquietante («I was living in a devil town, didn’t know it was a devil town») es la canción inicial que interpreta Allegra Krieger, que es en realidad una versión de una de Daniel Johnston, que era de Austin, el lugar de los hechos.


    En la investigación del crimen hay varios callejones sin salida y algún que algún que otro plot twist, pero más relevante todavía es que esta misma semana (el documental se estrenó en agosto) ha salido de la noticia de que se han conocido nuevos datos que podrían llevar a la resolución, 34 años después, del caso, así que recomiendo pinchar en el enlace solamente a quien haya visto ya la serie.

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  • À découvrir absolument

    (Pour adultes et adolescents).

    Alfred piensa que su vida se ha vuelto demasiado aburrida.
    El inspector Iverson abre una investigación.
    Él mismo tampoco está bien con su vida.
    Ya no tiene nada que decirle a su mujer.
    Jeffrey se consuela con su psiquiatra.
    Edward se encierra para sufrir a solas.
    Una artista instala una escultura con forma de contestador automático.
    Sheila hace creer a Scott que aún sigue esperando a su hijo.
    Marie entra en el café de un pequeño pueblo de Nebraska.
    Zoltan ha contaminado el río Niska.
    Elmo toca la guitarra, lleva sombrero de vaquero
    y organiza rodeos.
    Mientras tanto, Hélène decide montar una carrera de caballos
    por una buena causa.
    Por una buena causa.

    A Sarah la asaltan de repente fuertes mareos.
    La situación sigue igual de tensa.
    Serie negra: acaban de abatir a un taxista.
    Jean está pidiendo el traslado.
    Julie, con 18 años, está en coma desde un accidente de ciclomotor.
    Tres mujeres se pierden en coche.
    Tres africanos visitan París.
    Una pareja de turistas bávaros se enzarza en una pelea.
    Un jefe escocés felicita a uno de sus empleados.
    Eric se convierte en perro contra su voluntad.
    Christian sufre una crisis.
    Frank es cura.
    A Sébastien se le tambalea la vida por una llamada telefónica.
    Jessica recuerda a una de sus alumnas más brillantes.
    Dos chavales encuentran 100.000 dólares,
    se compran una moto nueva.
    Una señora muy corpulenta entra en un vagón de metro.
    Matthieu ya no reconoce a nadie.

    Tom está completamente solo.
    Tom está completamente solo.
    Tom está completamente solo.

    En la costa del Rosellón,
    Alex lo tiene todo para ser feliz.
    Mike querría comprarse una puerta principal muy bonita.
    Un sabio se convierte en justiciero enmascarado.

    Una camarera, una explosión, dos caravanas: nada profundo.
    Para descubrir absolutamente.
    Para descubrir absolutamente.
    Para descubrir absolutamente.
    (Para adultos y adolescentes)
    Para descubrir absolutamente.
    (Para adultos y adolescentes)
    Para descubrir absolutamente.
    Una camarera, una explosión, dos caravanas: nada profundo.
    Para descubrir absolutamente.
    Para descubrir absolutamente.
    Para descubrir absolutamente.

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  • Usted suena un dígito binario dudoso

    Qué obra de arte estos créditos web que hicieron en su momento (2001/1901) Hidrogenesse para «Eres PC Eres Mac» y que se siguen conservando ahí tal cual después de tantos años (porque vaya cápsula del tiempo mágica es la web de Austrohúngaro, un rabbit hole de los buenos donde perderse durante horas y horas).

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  • 10 años después (y II)

    Hay tres hombres en España (que lo hacen todo) cuyo éxito comercial nunca ha estado a la altura de su inmenso talento: uno es Javi Betacam, otro Evripidis Sabatis, y el otro Víctor Algora, tres maestros de la canción pop a los que (quizá) algún día se les reconozca como se merecen. Aunque en realidad, Algora sí ha estado muy cerca de conseguirlo, pero a través de este inmaculado himno (no solo LGTBQ+) que escribió para La Prohibida, una canción que roza la perfección y que convirtió a la Transformer en la reina del invierno vestida de Chaumen. «¿Quieres que hablemos de éxito?»

    No le había hecho mucho caso antes a Justin Bieber ni se lo he vuelto a hacer después, pensaba que sería el típico artista que acabaría descarrilando tanto musical como vitalmente (aunque por lo visto su último disco, de este año, ha ido mejor de lo esperado). Pero en 2015 estaba a topísimo con canciones como «What Do You Mean?» o esta otra. Aquí vemos a Bieber dando a sus fans todo lo que se espera de un ídolo adolescente: poca ropa, pelazo, a ratos una coreografía resultona, cañones de confeti, y ―por qué no― un temazo (del que ni siquiera le hace falta cantar ciertas partes). Sorry, not sorry!

    Night Thoughts fue el segundo álbum del second coming de Suede, también allá por 2015, por mucho que se empeñen algunos en que ese segundo advenimiento está empezando ahora. Su carta de presentación fue la magnífica «Outsiders», que suele ser bastante fija en el setlist de sus conciertos recientes, aunque Brett suele delegar en el público cantar algunos de los fragmentos a los que le cuesta llegar con la voz en directo, como esos «outsiders» del estribillo.

    (Así, entre nosotros: algún fan muy cercano a mí me llamó un poco al orden en su momento por no haberla elegido como la mejor del año).

    Pero es que en 2015 hubo muy buenas canciones y además a la hora de elegir lo que más me gusta siempre tiendo a tirar hacia el producto nacional. En esta, que daba título a su álbum, Francisco Nixon nos contaba con un tono costumbrista, y valiéndose de encantadores ripios, las fases de una relación de pareja que empezaba en un tren. Y volvía a demostrar que seguía siendo uno de los mejores titulando canciones o dejando eslóganes para la posteridad: «Todo lo malo que nos pasa es todo por salir de casa».

    No hay una semana en lo que no piense en el regreso de Rusos Blancos, grupo del que, por cierto, formaba parte Javi Betacam, mencionado al principio. En realidad ya no recuerdo si alguna vez dijeron oficialmente que se iban, pero lo cierto es que han pasado ya 7 años desde que publicaron su último álbum. Un grupo inteligente, irreverente e inimitable, del que me resultaría imposible elegir una canción favorita. Entre las candidatas estarían «Dudo que el amor nos salve», «Tus padres, tu novio, tú y yo», «Define serio», «¿Qué somos ahora?», «Broma antisemita» o esta fantasía technopopera titulada «Camas y trincheras». No sé si es de esas de bailar y llorar, pero a mí se me han saltado las lágrimas viendo esta actuación.

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  • Quiero tener un buen día hoy

    Hace muchos años que no voy al Primavera Sound, pero ya me resultan complicadas hasta las instrucciones para comprar un abono, parecen las de un escape room.


    La peor reseña que he leído de Antidepressants: llena de lugares comunes, no falta el mantra del post-punk, las comparaciones con sus álbumes de los 90 (Suede ha sacado cinco discos en los últimos doce años, yo estoy convencido de que no lo compara con esos porque, simplemente, ni los ha escuchado) e incluso dice «y eso que hace tiempo que ya no está Bernard Butler». Pues sí, estuvo en el grupo unos 5 años y hace más de 30 que se fue, igual los suficientes como para no seguir mencionándolo como referente en una crítica por lo demás con una prosa desganada y hecha para cumplir el expediente (mucho mejor lo mío, ¡dónde va a parar!). De verdad que no es una pataleta de fan, es que es realmente una mierda. Para lo que estás quedando, Rockdelux (tampoco quiero yo cargar las tintas en el crítico, que seguramente para lo que debe de cobrar un periodista freelancer el tiempo que ha invertido ―poco― es más que suficiente). Entre esto y una sección en concreto que me dan ganas de arrancarme los ojos cada vez que me la encuentro (sin querer), creo que ya no renuevo nunca más la suscripción. Me vale con los dos o tres artículos gratis al mes (tampoco es que lea ya muchos más) y a la revista de papel que envían dos veces al año le hago un poco de caso el primer día y luego se queda acumulando polvo.


    Ya no vivo en una ciudad, pero no sé quién podría estar en contra de esto:

    This past weekend Londoners got a glimpse of the future of Oxford Street as it went traffic-free for the day. Here’s what they thought ⬇️

    Mayor of London, Sadiq Khan (@london.gov.uk) 2025-09-25T08:20:27.200Z

    O de esto:

    Lo primero es el cierre al tráfico por un día de Oxford Street, que el alcalde de Londres, Sadiq Kahn, quiere hacer definitivo. Lo segundo, una de las múltiples intervenciones llevadas a cabo por la alcaldesa de París, Anne Hidalgo, para seguir robándoles espacio a los coches y devolviéndoselo a la gente, ampliando también los espacios verdes. Cambios que, además, y contrariamente a lo que se suele creer, no los han penalizado en las urnas: ambos renovaron sus mandatos y volvieron a ganar las elecciones llevando a cabo este tipo de políticas. No lo voy a comparar con ninguna ciudad española, que luego dicen que son odiosas (las comparaciones, digo).


    La casa de David Lynch está en venta, por si alguien tiene 15 millones de dólares sueltos. Hay muchas más fotos en el enlace.


    Esta canción era increíble.

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