Caí en un rabbit hole de vídeos de reactions de gente que escuchaba por primera vez “Buffalo Stance” y descubrí que la mayoría se mostraba sorprendida (positivamente) por ese sonido tan peculiar: una mezcla entre pop electrónico ochentero y hip hop, sumado a la actitud y el estilo de Neneh Cherry rapeando, el scratching, ese saxo funky sampleado… y, en definitiva, por la sensación de que es una canción en la que pasan muchas cosas a la vez.
Pero, sobre todo, me di cuenta de que casi todos la percibían como una canción muy divertida, un matiz que ahora se me hace evidente, especialmente por la letra, en la que Neneh rechaza a un gigoló (aquí referido más bien a un chulo de barrio), dejando claro que ella no se vende, que le interesan la dulzura y el cariño por encima de la pasta. Y también lo es por el modo en el que lo expresa e interpreta en el videoclip. Ahora, sí, todo me parece obvio, pero mi yo de 1988 no cayó en ello y así se quedó fijado durante todos estos años.
La canción tiene un origen curioso: nace como una cara B de “Looking Good Diving”, un single del dúo Morgan-McVey producido por Stock, Aitken & Waterman. Esa cara B, con Neneh Cherry ya en la voz y escribiendo la parte rapeada, reciclaba elementos de la cara A y pasó desapercibida hasta que, casi por casualidad, el DJ Tim Simenon mostró interés por rehacerla. Precisamente Simenon (artífice del proyecto Bomb the Bass), junto con el también prestigioso productor Mark Saunders, le dieron ese sonido potente y envolvente que engancha desde el primer momento. Lograron cohesionar todo ese Frankenstein de orígenes diversos, trufándolo además con varios samples, hasta convertirlo en la «Buffalo Stance» que conocemos.
Es una de mis canciones favoritas de los 80 (o quizá de la vida, if you ask me), aunque también es verdad que me resulta muy difícil escoger entre esta y la también asombrosa «Manchild». Fueron los dos primeros singles de Raw Like Sushi, el álbum de debut de Neneh Cherry, y es bastante increíble empezar una carrera con dos semejantes temazos.
